Las casualidades hacen que no consiga empezar las sagas por el principio. Por ejemplo, cuando leí una serie de libros de P.C. Doherty cuyo protagonista es un escribano de la corte inglesa del siglo XIII llamado Hugo Corbett no seguí el orden cronológico. Con la saga de Mundodisco de Terry Pratchett me ha pasado lo mismo. Y con los libros sobre Montalbano de Andrea Camilleri me ha vuelto a suceder. En este caso, antes de leer El perro de terracota ya me había leído, en catalán, El lladre de pastissets y Un gir decisiu. Y con Camilleri ha sucedido algo que no es una casualidad sino un milagro: me han gustado unos libros recomendados por mi madre.

Para quien no conozca a Salvo Montalbano les diré que es un comisario de un pueblo siciliano que tiene su propia manera de enfocar las investigaciones y, por su carácter, su propia vida. Así, mezclados con los casos que le toca investigar (o que decide investigar por iniciativa propia) nos encontramos también con las discusiones que mantiene con su novia Livia.

Pero un buen libro no lo es sino tiene buenos personajes. Camilleri, en esta colección, ha creado diversos personajes perfectamente definidos, además del propio Montalbano, como Livia, Catarella o Mimí Augello con lo que la mitad del trabajo ya estaba hecho y con nota. Pero además, ha sabido congeniar todos estos personajes y otros más dentro de una serie de tramas policíacas bien ligadas con lo cual no podemos sino esperar buenas historias.

Y sobre El perro de terracota solo decir que quizá me ha gustado algo menos que los otros dos, aunque no sé si es cosa de la traducción o de la historia misma. En todo caso, me ha servido para conocer un poco más a este personaje, que se dice que es un homenaje a Manuel Vázquez Montalbán (al que se menciona en este libro), y para pasar buenos ratos disfrutando de su lectura.

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