1

Atardecer en Sumopl

Para el ojo no acostumbrado (en este caso para ningún ojo humano), el atardecer de Sumopl sería algo así como el desplomarse del cielo entre llamaradas de infausta naturaleza y miríadas de torbellinos de tóxicos gases.

Y es que Sumopl, tercer planeta en órbita alrededor de Sirio, es lo más parecido al infierno que uno puede llegar a imaginarse.

Sus calidos mares de ácido fluorhídrico, sus bastos paramos de acero inoxidable, sus apacibles playas de reaccionado férrico… en fin, una estampa que ni el propio Dante podría haber soñado en plasmar en su obra.

Pero lo que para nosotros, seres bípedos de cortas entendederas, puede ser el último lugar de visita en nuestro itinerario por el tártaro, para otros puede ser el paraíso.

Este es el caso de 761, que junto a 213, contempla el atardecer en Sumopl.

Ambos, se encuentran en la casa de 213, cerca de la placida costa de la isla de Tapón. Juntos, comparten la infusión de cloro.

Están celebrando, para los que no lo sepáis, la ceremonia del cloro.

No dicen nada. No son necesarias las palabras, solo contemplan como Sirio se pone tras los codos metálicos de poniente.

761 inspira por sus cuatro orificios los vapores que las sulfurosas brisas le brindan.

Y es que 761 es un bidón de la clase TB3000, blanco como el marfil, grande y viejo.

Los verdes fluorescentes del atardecer evocan en su memoria tiempos pretéritos en que él y su incombustible amigo 213 habían corrido maravillosas aventuras por la basta Sumopl.

En una ocasión, como ahora le venia a la memoria, ambos se unieron al ejercito del gran Shogun Btagua. Fue cuando trataron de anexionarse a los bidones correanos.

Por aquel entonces, 761 y 213 eran dos jóvenes TB1000. Ágiles, fuertes e intrépidos, pero carentes de la sabiduría que ahora poseían.

En este punto hay que aclarar al lector un detalle sobre las distintas razas y castas en el Sumopl feudal. Como hemos dicho, 761 y 213 era dos bidones TB3000, auque de jóvenes eran TB1000. La vida de un bidón esta determinada en función a su género. Los TB, pasan por tres estadios, el de 1000, el de 2000 y el de 3000 (léase juventud, mediana edad y vejez). Eso no quiere decir que todos los bidones cumplieran ese mismo ciclo. Por ejemplo, los TiT, pasaban por mas estadios como el de 750, el de 1000, el de 1500 y el de 2000 (léase juventud, madurez, vejez y bidón inútil).

A parte de estos detalles, ciertos bidones pertenecían a distintas razas. Sin ir más lejos, 761 era ario, mientras que 213 era azul. En la sociedad ultra clasista de Sumopl, no solían mezclarse los bidones de distintas razas entre si, no por racismo como algunos podrían pensar, sino por una cuestión estética. El mestizo nacido de un semental azul con una hembra blanca, sería un bidón lleno de manchas.

Como hemos dicho, el que no se mezclen con fines reproductivos, no quiere decir que no compartan amistad y aficiones.

En fin (y de vuelta a los pensamientos de 761), tenemos a dos jóvenes bidones ávidos de aventuras dispuestos a enrolarse en la mas extravagante expedición punitiva de sus tiempos.

Corría el año de 1592 después de Mx. En la imperial isla de Tapón, el ejército del Shogun Btagua se disponía a invadir la península de Correa.

Las imponentes fuerzas que el Shogun había reunido ascendían a 20000 bidones.

Entre los infantes se encontraban 761 y 213. Ambos eran excelentes arqueros, así como diestros en el manejo de la caladora.

La isla de Tapón no se caracterizaba por poseer buenas embarcaciones, por lo que la travesía hasta la península de Correa provoco múltiples vómitos entre los tripulantes de la flota.

Pero el día llego, y el desembarco se produjo con normalidad. Nadie les esperaba en las férricas costas del sur de Correa.

Así, el ejercito taponés, empezó con los protocolos guerreros. Saquearon varias aldeas, violaron a las bidonas que encontraron (ya fueran jóvenes o ancianas, así lo exige el protocolo militar), y llenaron de potasa cáustica los campos para que no fueran productivos por años.

El rey Txintank, rápidamente organizo la defensa. Tras una suerte de batallas los taponeses tuvieron que retirarse a su isla.

Pero que bien se lo habían pasado, pensaba 761. Habían dejado tras de si a miles de bidones pinchados, deformados e incluso triturados. Si, se lo había pasado en grande.

Encaro su tapón de comprobación a 213 y le dijo:

- ¿Piensas en la muerte, amigo? ¿Crees que todas nuestras vivencias van a perderse con nuestro fenecimiento?

213 volviose para encararse con su anciano amigo. Aquel debate ya lo habían mantenido en otras ocasiones, pero no dudo en exponer de nuevo sus argumentos.

- Del polietileno venimos y al polietileno volvemos. – Dijo 213 – Con nuestra muerte, los rituales de trituración nos devuelven a nuestro estado primigenio. Por todos es sabido que de nuestra antigua composición, nacerán nuevos bidones.

- Lo se. – 761 se recostó como solo un bidón puede recostarse – Pero nuestros restos triturados acabaran mezclándose con los de tantos otros, de modo que no volveremos a renacer tal y como fuimos de jóvenes. Todas nuestras experiencias se perderán en el olvido. O, ¿es que acaso tenemos un alma inmortal que conservara nuestra esencia?

- Somos parte de algo más grande, todos los bidones somos parte del gran montón de plástico. Nuestra existencia aquí, es puramente eventual.

- Pues yo me niego a morir tristemente aquí. - De repente, 761 tuvo una idea - Y creo que se como esquivar el olvido…

213 le miro con la extrañeza propia de un bidón. 761 siempre tenia grandes ideas, pero estas se limitaban al campo de lo mundano, de lo real y tangible. Por un momento 213 creyó que 761 estaba perdiendo la chaveta, pero cuando este le explico su plan, 213 se maravillo. Podía resultar.

2

Don Ramón de la Castaña

Fusil en mano, el noble cacique fabril, se interno por la espesura de los campos cercanos a la fábrica. En aquel ambiente, muchas veces, se confundían cazador y presa. Pero Don Ramón de la Castaña era un hábil cazador, y este safari le iba a generar pingues beneficios, así como una mayor gloria entre los diversos nobles de la sucursal ibérica de, la germana empresa, Protect.

El caracol asomo sus cuernos. Trataba de localizar la procedencia del apetecible aroma a carne humana. Ese fue su último y fatídico error.

Don Ramón había esperado ese momento con suma paciencia, y cuando la cabeza del caracol abandono su guarida portátil, este le propino un certero disparo.

El caracol se desplomo muerto. Con gritos de jubilo, los siervos de maquina, corrieron a recoger el trofeo de su noble amo. Con el esfuerzo conjunto de los cuatro trabajadores, arrastraron el cuerpo inerte del caracol hasta la seguridad del patio vallado de la empresa.

Con gesto de satisfacción, el noble tomo un pellizco de rapé de la adornada cajita que siempre le acompañaba.

De repente, cuando los siervos iban a cruzar la puerta vallada con su pieza, un enorme caracol rojo se abalanzo sobre uno de los portadores.

Como todo el mundo sabe, el caracol es un depredador voraz, rápido y sumamente eficaz. Y los de color rojo, además, son sumamente violentos.

Los otros tres trabajadores, no dudaron en soltar la presa y abandonar a su compañero, cruzando la puerta tan rápido como pudieron.

Los gritos de agonía duraron lo que Don Ramón tardo en cargar su fusil y abrir fuego sobre su desdichado siervo. Le procuro una muerte rápida, algo que el caracol rojo no le habría otorgado.

Este, volvió las antenas hacia Don Ramón, y como un rayo se lanzo a por él.

Don Ramón se mantuvo firme, añadió la pólvora al cañón e introdujo la bala de plomo.

El violento ente de la naturaleza estaba a tan solo unos pocos metros cuando Don Ramón termino de cargar el arma.

Lo que paso a continuación se describiría con un “PUM!”, pero nosotros usaremos una par de frases para alargar el texto.

Imitando a un témpano de hielo, los nervios de Don Ramón se mantenían fríos y firmes.

Alzo el cañón y disparo justo cuando el caracol saltaba sobre el.

Ahora tenía dos piezas para exhibir.

3

761 y el Sr. Urraca

El Sr. Urraca era el único humano en Sumopl. Había llegado allí tras doblar el espacio con su silo del reciclado. No lo habría logrado si en su día no se hubiera visto afectado por las emanaciones de flúor de la planta de Protect.

El Sr. Urraca había encontrado la felicidad en los ponzoñosos campos de Sumopl. Había plantado su silo encima de una colina de acero inoxidable enmohecido. Con el tiempo, había convertido el silo en su casa. Los visillos floreados, los tapetes de punto de cruz y la blanca verja que rodeaba su propiedad ayudaban a conferir al lugar una apacible apariencia hogareña.

Cuando 761 llego al borde de la verja, el Sr. Urraca estaba labrando una porción de residuo bórico para plantar pepinos. Esfuerzo de resultado exiguo, ya que los pepinos gozan de crecer en tierras fértiles con suficientes nitratos y abundante agua. Pero el Sr. Urraca no carecía de fe.

Con un gesto de barbilla que solo un bidón sabe como puede hacerse, 761 saludo al Sr. Urraca.

- A la paz de polietileno - saludo 761 - ¿Como anda la labranza?

- Mal, no hay manera de que los pepinos arraiguen.

761, siempre presto a ayudar le comentó - ¿A probado usted a plantar racores o fotocélulas? Un primo mío del pueblo recogió el año pasado un racor de catorce kilos. Gano el concurso de agricultores de Satsfuma.

- Ya, pero a mí me gustan los pepinos. - El rostro del Sr. Urraca era un drama. Luego, sonrojándose por su falta de tiento, se dirigió a 761 - Debe disculpar mis modales, aquí hablando de la siega del pepino y ni tan siquiera le he ofrecido una tacita de cloro a usted.

- No se disculpe amigo. - Dijo 761 moviendo un asa para quitar hierro al asunto. - Por otro lado, le acepto gustoso la taza de cloro. Podemos tomarla mientras conversamos. Tengo una propuesta que hacerle.

El Sr. Urraca hizo pasar a 761 al jardín. Allí le indico que se sentara en una de las sillas mientras el iba a preparar el cloro.

Al poco, el Sr. Urraca salió con el humeante brebaje listo para servir. Al tiempo que lo escanciaba, le pregunto a su invitado si quería una cucharadita de tripolifosfato (de hecho, tripolifosfato de sodio, pero se le denominaba comúnmente tripoli o tripolifosfato) para endulzar la bebida.

Como buen bebedor de cloro, 761 negó con la cabeza, a lo que el Sr. Urraca asintió con aprobación.

- Se hace raro hallar en estos tiempos que corren a gentes con buen paladar. - Dijo el Sr. Urraca. - Los jóvenes de hoy en día le echan tres y cuatro cucharaditas de tripoli al cloro.

- De ese modo es imposible degustar la bebida. - Asintió 761- Y le mata el aroma.

- Y bien querido 761, ¿que le trae por mi humilde morada? - dijo el Sr. Urraca - Seguro que no ha venido a debatir sobre la preparación del cloro, ¿verdad?

761 sonrió, le caía bien el humano. Era amable, sociable y emitía en radio. Sin duda todo un caballero.

- Estimado Sr. Urraca, he venido en calidad de amigo para pedirle un favor.

- Si esta en mi mano, considérelo hecho. - Exclamo el Sr. Urraca.

- Gracias. Me gustaría pedirle que me llevara a Mundofábrica, en concreto a la sucursal ibérica de Protect.

La expresión del Sr. Urraca se hizo seria de golpe. Hacía mucho que había abandonado aquel triste lugar. Además, si volvía, seguro que le hacían devolver el silo y las fastuosas llaves de cromo-vanadio que conservaba como un tesoro.

- No diga nada todavía. - Dijo 761 - Entiendo perfectamente que para usted no es placentero retornar a tal lugar. De echo no quiero ir por gusto a un paraje tan saturado de oxigeno y nitrógeno. - El gesto de asco se hizo evidente en la placa de 761.

- Entonces, ¿para que quiere ir allí?

761 le contó el plan al Sr. Urraca. Y aunque a este no le hizo mucha gracia la idea, termino aceptando por el apreció que sentía hacia su vecino. Además, podía aprovechar para comprar algo de plantel para pepinos.

4

Bidones, caracoles y pepinos

El cacique Don Ramón se había pasado media mañana para colocar las dos cabezas disecadas de los caracoles en la pared de su oficina. Ahora, cada vez que alguien entrara en su hacienda, podría admirar (e incluso sentirse intimidado) por la fiera mirada de los malogrados y disecados gasterópodos.

Mientras, en la planta, los trabajadores seguían refinando la baba del caracol para venderla a viejas de la nobleza. Es de común conocimiento que la baba de caracol, lejos de ser pringosa y asquerosa, es un bálsamo para el cuerpo, así como un potente afrodisíaco.

La baba se vendía bien, por lo que Don Ramón podía mantener su estatus sin más complicaciones.

De repente, un chirrido precedió a un potente estruendo. Don Ramón se asomo a la ventana que daba al patio y observo, no sin asombro, como el viejo silo del reciclado volvía a casa después de varios años de exilio.

A su alrededor, esas incultas gentes, que son los operarios, se tiraban al suelo y se postraban de rodillas para adorar al silo. Era una práctica común siempre que algo caía del cielo.

Por lo visto, una especie de corriente religiosa de cariz zoroastrista, proclamaba la llegada de un Mesías venido del cielo. Pero los que bajaron del silo eran un bidón y un tipejo que, a todas luces, parecía un mecánico.

Don Ramón tomo su sombrero de tres picos, y bajo al patio.

***

761 miró con aprobación a la veintena de operarios que le rendían culto. Eso era, según pensó, que su fama de conquistador le precedía. Al poco, una figura embutida en un traje ridículo se le acerco.

Aquí, decimos ridículo desde el punto de vista de 761, ya que la moda de los cuellos con flecos y las mallas, no era conocida en Sumopl. Allí gustaban de corretear desnudos por la espesura.

- Buenas tardes - dijo el bidón - Me llamo 761, desearía hablar con el responsable de este paraje.

- Buenas tardes - dijo Don Ramón - Yo soy el responsable, Marqués de la Castaña para servirle a usted.

Don Ramón poso su vista sobre el Sr. Urraca. Aunque algo más hinchado y verde, reconoció la frecuencia de sus emisiones en la banda del uranio.

- Vaya, pero si es el Sr. Urraca. Hacia años que no sabíamos de usted. ¿Conocía el hecho de que debe dos horas a la empresa? El departamento de recursos inhumanos esta que trina. - luego con una sonrisa y una mueca de complicidad dijo - yo de usted no me acercaría a las oficinas.

- De hecho, creo que permaneceré en la cúspide del silo hasta su regreso, 761. - El Sr. Urraca se despidió de Don Ramón y empezó a trepar silo arriba. A medio camino recordó algo y volvió a bajar.

- Er… Don Ramón, ¿Tendría usted a bien darme unos pepinos para plantel?

Con un gesto de la mano, un gesto de esos como desganados o faltos de energía, ya saben, de mano muerta. Vamos el gesto desdeñoso que hace la nobleza con la mano. Pues en fin, a la realización de ese gesto, un par de operarios fueron a por los pepinos.

- Pase usted a mi despacho, allí podremos tratar los negocios que le traen por estos parajes.

Don Ramón indico la dirección, y él y 761 tomaron ese rumbo.

Una vez en el despacho, y tras las trivialidades típicas de las conversaciones triviales (y no tribales), 761 expuso su problema a Don Ramón.

- Por muchos años he vivido, y lo cierto es que no me apetece morir. - Así empezó la alocución de 761 - Llevo estos últimos años tratando de hallar respuesta a la pregunta: ¿Tenemos alma los bidones? ¿Es divino el polietileno? Y sabe una cosa, cada vez certifico con mayor denuedo mi ateismo. Miro hacia atrás y siento pavor por la perdida que supone el futuro. Si tras la muerte no hay nada, en la nada se quedara toda una vida de experiencias, sensaciones y sentimientos.

Y aquí viene mi suplica, usted dispone de un triturador para plástico así como un silo y una maquina extrusora. Le pido que me triture, que recoja el material y lo use para fabricarme de nuevo. Use un molde joven, ya sabe un TB 1000.

- Eso es mucha faena. Además, no hay garantías de que salga bien el invento. Podría morir definitivamente antes de tiempo. Y parece que tiene usted un amplio apego a la vida.

- Asumo el riesgo. Si tengo que perderme, que más da que sea hoy o mañana. Si sale bien la jugada, seré joven de nuevo, y habremos puesto los cimientos de la autentica eternidad.

- De acuerdo. - dijo Don Ramón encendiéndose un puro - Ahora deberíamos tratar el aspecto económico de la cuestión. ¿Que ganó yo?

- Por supuesto, no espero que lo haga gratis. Estoy dispuesto a pagarle, digamos quinientas mil pastillas de plástico.

761 se quedo tan ancho como era. Semejante trato era irrechazable. Aquello era una fortuna, suficiente incluso para comprar un pequeño reino en Sumopl.

-¿Pastillas de plástico? - dijo Don Ramón - ¿Para que quiero yo pastillas de plástico? Mejor me paga en asios. Quinientos mil, igual.

Como siempre que sale algo extraño en la narración, la corto violentamente para explicar al lector el significado de algún concepto poco claro. Se, que haciendo esto, estoy partiendo por la mitad el hilo de la narración, y que posiblemente este usted en tensión por conocer el desenlace de la conversación. No se preocupe, no vale la pena. Ya le digo ahora que acabaran llegando a un acuerdo, así que no se preocupe más por ese tema y deje que le aclare dos conceptos: pastillas de plástico y asios.

La pastilla de plástico es la moneda típica de Sumopl. Una pastilla equivale a mil de las antiguas pesetas. Por otro lado, el asio, es la moneda que entro en circulación en substitución del euro. Como dice el nombre, tras la invasión China de Europa, se estableció el asio como moneda comunitaria. Equivale a una con tres pastillas de plástico, o sea mil trescientas treinta y tres de las antiguas pesetas, algo así como unos ocho euros.

Acordado el acuerdo, Don Ramón estrecho el asa de 761 y quedaron en reunirse al amanecer para proceder con la operación.

5

El experimento

A las seis de la mañana, el silencio imperaba en la planta de Protect. Al poco de que el cuco cantara las horas, la puerta se abrió.

Don Ramón de la Castaña, acompañado de su sequito, entro en la nave.

En cuestión de minutos, las luces iluminaron el pabellón y los operarios se pusieron a trabajar con denuedo.

Se activaron las bombas, se abrieron las llaves de paso, se limpiaron el molino y el silo.

Una vez estuvo todo listo, llego 761. Tranquilamente, se coloco en la plataforma que lo introduciría en el molino.

- Don Ramón - dijo 761 - asegurase que grano alguno se pierda. No permita que restos de otros bidones infecten el triturado. No quiero errores en este punto.

Don Ramón acciono el pulsador de la plataforma. Mientras esta subía, el marques de la Castaña le dirigió estas palabras a 761.

- Nada debéis temer noble amigo. Todas las precauciones se han tomado. Cuando seáis triturado, os trasportaremos grano a grano hasta la tolva de la extrusora. Será, sencillamente perfecto. En menos de una hora, volveréis a la vida con renovada juventud.

761 saludo con el asa.

Fue lo último que hizo, ya que seguidamente cayó en el triturador y fue, literalmente, molido.

Como Don Ramón había prometido, una vez 761 fue triturado, se recogieron los granos uno a uno y se llevaron a la tolva.

Y al fin el momento clave. Con un teatral gesto, Don Ramón acciono el pulsador que debía iniciar el proceso creador.

***

Con una estruendosa pedorrera, el macarrón de plástico empezó a caer del inyector. La fábrica se sumió en el caos. El petardeo constante ya indicaba de sobras que algo iba mal. Fragmentos de porquería aparecían en el macarrón, y este detritus agujereaba el otrora 761.

Al finalizar el proceso, 761 había muerto.

Con un grito de rabia, Don Ramón saco el látigo y empezó a chillar con evidente cabreo:

- ¡¿Quien es el puto subnormal que no ha sacado los churros¹?!

Epílogo

El Sr. Urraca cargo entristecido los restos de su amigo en el silo. Los llevaría a Sumopl para que se le diera digna sepultura. Al final, la búsqueda de la eternidad, había terminado por llevar a 761 a la muerte.

Y todo por unos churros que no habían sido quitados del cabezal.

Maldijo al inútil del Sr. Coraje, quien no tuvo tiempo de sacar los malditos churros en dos semanas.

Sin más ceremonia, se despidió de Don Ramón, y subió al silo.

Una vez montado en el, echo una última mirada a la fabrica y sonrió.

Al menos tenía el plantel para pepinos y no le habían hecho devolver las dos horas que debía.

FIN

.

.

1.- “Los churros” es como se denomina comúnmente, al excedente de plástico que sublima del cabezal cuando este se carga. Si no se retiran con cierta frecuencia, pueden ocasionar problemas, como la producción de carbonilla que contamina el bidón.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votes, average: 4 out of 5)
Loading ... Loading ...

Comments 2 Comentaris »

1

El Imbécil

Como todas las mañanas, el Sr. Coraje se levanto de la cama por el lado derecho. Era una tendencia natural que compartía con otros muchos seres humanos. La diferencia radicaba, en que dos de cada tres veces, estrellaba sus bruces contra el suelo.

Del otro lado de la cama, Penitencia Amargura, trataba de disimular el abandono de Morfeo. Pero el sobresalto, que le produjo la infalible estadística, la delato.

- Pene, – así llamaba el Sr. Coraje a su mujer – prepárame un café con leche.

A diferencia de otros matrimonios, que con el paso del tiempo no necesitan de palabras para entenderse, este, carecía de comprensión alguna del lenguaje.

- No creo que te escuche. – dijo Penitencia – Al menos en los últimos tiempos parece no inmutarse por nada.

Sin tratar de comprender lo que su mujer le decía, estableció mentalmente en tres, los terrones de azúcar y se dirigió al cuarto de baño.

Póstrose como todo mortal, ante el altar de mármol blanco que preside todo cuarto de baño. Tras vaciar la bufeta, giro su desgarbada figura en dirección al espejo. Allí, con solemnidad, contemplo su faz cochinesca. Estaba tan radiante como solo el uranio puede estarlo.

Con movimientos de experto, vació medio pote de laca en el ceniciento cenicero de su cabeza.

Y aquí nos detenemos un momento para aclarar el tema de su lánguida testa.

Por todos era conocida, esa especie de calva estilo fraile franciscano que la naturaleza le había otorgado. Para su escarnio, en vez de asumir la calvicie con dignidad, como tantos otros hacen, decidió ocultarla, alzando una puntiaguda y lacada empalizada capilar a su alrededor.

A lo que el gustaba denominar “un peinado de lo mas fashion y juvenil”, otros preferían llamarlo “bebedero de patos” o “cenicero”. Y es que solo los más imbéciles niñatos, salidos de las peores factorías de ruido, lucían semejante insulto en sus cabezas.

Así pues, con la cabeza fijada sobre los hombros, abandono el cuarto de baño entre aromas ricos en hidrocarburos.

Persónose en la cocina. Allí, el puchero de café con leche le esperaba ardiente sobre el fuego, contrastando sabor y temperatura con Amargura.

Tras quemarse (también como la ciencia de la costumbre había establecido), escanció el brebaje en un tazón. Añadió los tres terrones de azúcar y sorbió ruidosamente hasta terminar.

Finalmente, tomo el maletín que su esposa le tendía, y abandono el hogar familiar.

Al poco, recordó que, las leyes del decoro, le exigen a uno salir a la calle con, por lo menos, un mínimo de atuendo.

Ahora si, con los pantalones, camisa y zapatillas puestos y calzados, abandono su casa.

2

La rata del polietileno

En la sucursal ibérica, de la empresa alemana Protect, la nueva jornada laboral empezaba perezosa y desganada. No parecía, a simple vista, que una reunión estuviera a punto de acontecer.

Pero así iba a ser.

El director de la sucursal, Herr Winkel, emplazaba los botellines de agua en la mesa de juntas. Como en toda guerra, una reunión requería de la máxima diligencia y de la más estudiada estrategia. Y Herr Winkel, conocido como “La rata del polietileno”, hacía honor a una larga ascendencia de militares germanos.

Por ejemplo, a sabiendas que serian nueve los reunidos, había emplazado solo seis botellines de agua, con intención de dividir a los asistentes en la lucha por los recursos. Sin duda, las miradas de desafió y los odios se desatarían cuando el deshumidificador empezara a secar los gaznates. Ese seria el momento para observar las coaliciones e incentivar las traiciones.

Como segundo paso en su ofensiva, había añadido laxante a las seis botellas, con intención de hundir los ánimos de los victoriosos.

Entonces, y solo entonces, soltaría su propuesta, la solución final. Y nadie en absoluto estaría en condiciones de refutarla.

Con una risa de malo de película mala, se dispuso a esperar a los jefes de sección mientras acariciaba los vértices de su germana cabeza.

3

Señores feudales

Como siempre que se producía una reunión con la dirección, los señores de cada turno se juntaban en cónclave alrededor de la maquina expendedora de café. Formando un círculo, para dar a entender que se encontraban entre iguales, discutían sobre el motivo de la reunión.

Siempre que se llamaba a cónclave, se apartaban las viejas rencillas, para tratar de hallar soluciones a los problemas que sobrepasaban su capacidad individual. Pero esta vez, las heridas, aun abiertas, del conflicto territorial entre los señores de los turnos A y C, empañaban las buenas artes del cónclave.

Como solía ocurrir con frecuencia, las trifulcas fronterizas acababan por degenerar en incursiones y guerras. En esta ocasión, el afanamiento de quinientos tapones de dos pulgadas por parte del señor de A, había provocado la ira del señor de C. Dicho señor, altivo y vengativo como pocos, falseo los documentos de producción con el fin de hundir al señor de A en la inopia administrativa. Las constantes sangrías habían sido aprovechadas por B, autodenominado El Augusto, quien obtuvo una posición de poder sobre ambos dos.

Así pues, en este mar de odio, D y E decidieron aunar esfuerzos para defender sus turnos del creciente poder de B.

Como tiende a suceder en este tipo de textos baratos, y bajo el dicho clima de tensiones y desconfianza, llego el anuncio de la reunión. Y, como siempre que la proclama era expuesta en el panel de anuncios, se llamaba a cónclave.

Las cosas estarían realmente mal si no apartaban las enemistades en pos del entendimiento.

Y realmente pintaban bastos en el horizonte… aunque de otra índole.

4

El Oráculo

Nadie sabía como había acabado en la cima del silo del reciclado. Nadie recordaba desde cuando vivía allí. Los rumores y las leyendas fluían por la fábrica entre susurros y miradas de temor y reverencia. Se creía que, allí arriba, el Oráculo estaba en contacto con los dioses. Algunos de los más devotos operarios y mecánicos, le ofrendaban los restos del bocadillo y las pieles del plátano. Lo cierto es que el aura verduzca sobre el silo, cuanto menos, provocaba respeto.

Nadie había osado jamás, subir a las alturas del silo para hablar con él.

De ese modo, nadie jamás supo que el sabio, en otro tiempo el Sr. Urraca tenía una historia menos fantástica y más dramática.

Una fría noche de invierno, la junta de la culata del silo de reciclado se rompió. Dicha noche, el bueno de Urraca, trabajador honrado y resignado padre de familia, estaba de retén mecánico. La llamada de auxilio se produjo a las tres de la madrugada, y Urraca se persono en el lugar en menos de veinte minutos. Con resignada abnegación, tomo las herramientas de su oficio, y ascendió a las alturas del silo.

Atendiendo a su deber, aisló la avería y la reparó.

Pero para su desgracia, y posterior leyenda, la chimenea de la cámara de almacenamiento del flúor, eructo una bocanada del gaseoso elemento. La tremenda inhalación, del gas por parte del mecánico de mediana edad, produjo una convulsión en sus más profundas sinapsis neurales. Como en un estallido alucinógeno, las estrellas se desplegaron en la, ahora, calva cabeza de Urraca. Luces de colores, destellos… el cerebro de Urraca había cruzado la fatal línea que separa la cordura de la locura. Con la firme creencia de que si se lo proponía podía plegar el universo, Urraca decidió quedarse a vivir allí arriba. Diariamente, recibía el alimento gaseoso de boca de la chimenea. Para Urraca, aquella era la especia que sazonaría el resto de su existencia.

Con el tiempo se fue hinchando y enverdeciendo, también empezó a emitir en radio e incluso a iluminarse de noche. Y cada vez comprendía más y mejor las matemáticas fundamentales del universo, cada vez veía en mayor profundidad los pliegues de las dimensiones.

Allí se quedo, y como ya hemos comentado, nadie probó a bajarlo jamás. Al menos hasta ahora…

***

Los señor feudales se reunieron alrededor del silo de reciclado. A ninguno le atrajo demasiado la propuesta del señor de B de consultar al Oráculo, pero las opciones se agotaban. Poco sabían si resultaría de algo la petición, pero había que intentarlo. Además, la voluntad de B de subir el mismo, había calmado los nervios del resto, y también había abierto la agradable posibilidad de que este muriera en el intento.

Encaramado a la escalera, el señor de B empezó su ascensión. Lo que no vieron sus desapasionados “amigos”, fue la expresión de malévola alegría en la cara de B. Tenia sus propios planes.

***

Urraca contemplaba Sirio desde su posición. El hecho de que fuera mediodía y el albedo atmosférico le impidiera ver estrella alguna, era solo una minucia.

¡Ah! Ya se veía retozando en los mares de ácido fluorhídrico del tercer planeta de Sirio, Sumopl, como era conocido por los nativos. Nunca había estado allí, pero lo intuía.

Cuando B llego a la cúspide del silo, Urraca no le presto atención. Sirio era más importante.

***

B se planto ante Urraca. Por un momento dudo en si primero debía solicitar su ayuda o si sería mejor primero llamar su atención con la ofrenda que traía. Creyó que esto último seria lo más acertado, así que vació el contenido de su mochila ante el oráculo.

Cuando una veintena de llaves fijas de cromo-vanadio, perfectamente nuevas y relucientes, golpearon el techo del silo, se produjo la conmoción.

En cuestión de microsegundos, la mente de Urraca perdió la concentración sobre Sirio. El reclamo de brillante herramienta, ocupaba ahora toda su atención. Un instinto animal y primigenio le impulsó hacia adelante para adueñarse de las llaves. Y con ese impulso irracional, arranco de sus goznes la puerta que había estado cerrada en su mente.

Con un “¡Son mías!”, que seria recordado por los presentes con pavor, Urraca doblo el espacio.

5

De paseo por Sumopl

El silo del reciclado permanecía en el interior de la atmósfera de Sumopl. Urraca se había introducido en la panza del silo, rodeándose de ingentes cantidades de flúor en estado puro. El asombrado B, solo tuvo tiempo de morir, o sea, que no llego nunca a saber que carajo le había pasado. Vamos, que realmente no pudo asombrarse.

Urraca estaba gozoso. Su encomiable esfuerzo había dado frutos al fin. Tras años de forzar su mente, algo tan simple como el impulso animal provocado por el precioso destello metálico de unas deliciosas llaves fijas de cromo-vanadio, le había permitido doblar el espacio.

Pese ha estar en el interior del silo, su mente sobrepasaba el metálico recipiente, y veía con claridad los insanos verdes de Sumopl. Decidió dar una vuelta sobre los mares de fluorhídrico. Allí se deleito viendo como la fauna propia del planeta se impulsaba desde el interior del ácido, para caer de nuevo en el tras efectuar deliciosas piruetas.

En su recorrido, Urraca vio bancos enteros de esos “peces” surcando los mares. Eran blancos la mayoría, aunque también los había grises y azules. Cada uno de diferente forma y tamaño. Al final del día, Urraca, los había catalogado en las siguientes categorías: por colores, por tamaños y por formas. Algunos compartían forma pero no color, otros eran del mismo tamaño y color, pero de distinta forma.

Se pregunto como se llamarían.

Ya se disponía a bañarse con ellos cuando avisto tierra en lontananza.

Realmente no era tierra lo que vio sino reaccionado férrico. Inmensas playas verdeamarronadas, precedían al vasto continente de aleación de hierro con carbono, en su versión inoxidable.

Urraca lloró. La emoción le embargaba. Ahora si creía en Dios y estaba convencido que aquello era el paraíso.

¿Que debía ser él, entonces? ¿Un profeta? ¿Un místico?

Nada de aquello importaba, era feliz.

Alzo la vista al cielo para contemplar las nubes de nitrato de sodio, el rojizo-macilento escenario celeste contrastaba con el mar verde-radioactivo. Y a esta preciosa estampa se unían los destellos metálicos del acero inoxidable.

Estaba decidido a quedarse, pero su honradez le exigía devolver antes el silo. Por contra, se haría el loco con las relucientes llaves fijas de cromo-vanadio y se las guardaría.

Así, puso rumbo a la Tierra.

6

La reunión

El impasible y tetra-planar rostro de Herr Winkel contemplaba las ocho figuras allí reunidas.

Primero observo a los denostados jefes de equipo, esa panda de petimetres infectos. En su Sajonia natal, aquellos monos retrasados hubieran vivido en un zoológico en vez de dirigir turnos.

Luego observo al palurdo Jefe de planta y a los tres simios de control químico.

Como ya habrá observado el lector, Herr Winkel no tenia en muy buena estima a los trabajadores españoles. Todos le parecían igual de sucios y atrasados. En ocasiones, creía que el español medio era el eslabón perdido que los antropólogos llevaban buscando durante tanto tiempo.

Pero si alguien le fastidiaba de verdad era el imbécil de Coraje. Ese cenutrio deforme, le producía una animadversión exacerbada. Ya estaría insultándole de no ser que alguien aún no había llegado.

Y eso le molestaba.

Decidió no esperar más, ya sancionaría a B en otra ocasión.

Se puso en pie y empezó con su plática:

- Van a haberrr cambios en la emprrresa. Un día se esta arrriba y otrrro abajo.

El silencio que inundo la estancia tenía una particularidad tremendamente sólida. No esa solidez semi-fluida de circunstancia embarazosa que se podía cortar con un cuchillo. En este caso hubiera sido necesaria una radial para hacer saltar la capa externa de silencio… o el impacto de seis toneladas de silo.

***

Con un imprevisto y ultraviolento estertor, Urraca aparco el Silo en la oficina.

Había errado el cálculo por poco, y golpeo con violencia la sala de juntas, la cual absorbió debidamente la totalidad del impacto. Al asomarse para realizar el parte amistoso ante el accidente, la nube de gas flúor (que se presenta en la naturaleza en su forma molecular basada en el binomio atómico del flúor, F2) se expandió por todo el recinto. Los pocos supervivientes al impacto, acabaron con muerte cerebral, por la inhalación de dicha molécula.

Urraca no perdió el temple ante la situación. Muy sabiamente, decidió largarse sin hacer ruido , de vuelta a su querido Sumopl.

7

Y así acaba el día

Penitencia Amargura estaba en la cocina pelando patatas cuando el Sr. Coraje llego. El poco sosiego que había obtenido en las horas de soledad se evaporo mientras aferraba con mayor intensidad el pelador de patatas.

El Sr. Coraje se acerco a ella y con voz átona dijo: - Cariño, tengo algo importante que decirte.

La penitente se giro para mirarlo, preparada para recibir con impavidez la estupidez que fuera a contarle.

Con una imbécil mueca en la boca, el Sr. Coraje le dijo a su mujer: - Pene, creo que he sido ascendido.

FIN

Aclaraciones:

Servidor no considera al lector un imbécil (aunque si creo que estaríais mejor en un zoológico con los de vuestra infecta especie), pero es posible que un detalle halla escapado a su agudo escrutinio.

Seguramente se preguntará: ¡Pero si el subnormal este ha dicho que todos habían muerto! ¿Como es que el Sr. Coraje luego regresa a casa?

Pues bien, yo no dije que todos murieran, dije que algunos murieron y otros sufrieron una muerte cerebral. Esto, que a priori puede parecer lo mismo, no lo es.

En un caso muere el individuo y en el otro, el cerebro del individuo.

Y aquí os haréis la mas justificada pregunta: Este tío me esta vacilando, ¿me estará llamando imbécil a la cara?

Pese a que no lo diga, ciertamente lo pienso, pero eso nada tiene que ver con la solución al enigma. Ya se que la muerte cerebral como causa, suele acarrear la muerte del individuo como efecto. Y así ocurre, salvo que el Sr. Coraje… ¡No tiene cerebro!

¡Ja! menudo final.

.

Cualquier parecido con la realidad pues por algo será.

Eso si, escrito cariñosamente.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votes, average: 5 out of 5)
Loading ... Loading ...

Comments 2 Comentaris »

HOGAR

Prologo

1

- Creo que es el sistema correcto señor, la gigante roja coincide con lo esperado. Nuestro objetivo debe ser el primer planeta. – el alférez Greil comprobó los valores masicos del astro con dedos nerviosos. - No hay duda alguna al respecto, es Sol. – Luego, con un susurro añadió- O un astro muy parecido.

- Así que hemos llegado a tiempo. – La faz del capitán de fragata Arkal Pneph, era inexpresiva como siempre que se encontraba en el puente de mando. Pero para aquellos que le hubieran observado con detenida atención, habrían captado un tenue brillo de emoción en sus ojos.

- Oficiales del puente – dijo el capitán con una ligera vibración de emotividad en la voz – bienvenidos a casa.

********

Durante cuarenta años, Arkal Pneph había buscado el sistema estelar Sol. Primero como oficial de navegación del Hriste, mas tarde, al mando de la Ulises. Hacia tiempo que había perdido la esperanza de ver el ansiado sistema estelar. De hecho, salvo los primeros años de su juventud a bordo del Hriste, jamás había albergado grandes esperanzas de finalizar el proyecto Hogar.

Pneph se sentó en la butaca de su oficina con una taza de agua caliente.

Mientras tanteaba con la mano derecha en busca de un sobre de Chai Rigelés, su mente divagaba por los avatares de su misión.

El proyecto Hogar llevaba en marcha trescientos quince años estándar. Durante ese tiempo, nueve oficiales de exploración se habían sucedido en la ardua tarea de buscar el sistema estelar nativo de la humanidad. Durante esos años, el almirantazgo de la confederación había ido perdiendo interés por la tan poco lucrativa tarea. Por suerte (para los partidarios del proyecto), el consejo científico, sufragaba los gastos del mismo.

Pneph permitió que una ligera corriente de satisfacción aflorara en su rostro. Faltaban pruebas por realizar antes de asegurar el éxito, pero le era imposible contener la emoción.

Con gesto distraído removió el contenido de la taza.

¿Y si fuera la Tierra?

Los datos acumulados por el alférez Roz Greil coincidían en un 96 por 100 con las predicciones del gabinete científico. Una gigante roja, seis planetas, diversos planetas enanos y planetoides varios en el cinturón exterior. La coincidencia era demasiado grande. Si las extrapolaciones que los científicos confederados habían obtenido de los anacrónicos registros eran ciertas, aquella gigante roja debería haber sido antaño, un astro medio amarillo con vida en su vecindad.

Los dos primeros planetas, demasiado cercanos a la estrella en su primera fase de colapso, deberían haber sido engullidos tras la expansión de esta.

Y la tierra, ah la tierra… el tercero de los planetas, se habría salvado por poco de aquella primera dilatación estelar.

De pronto, el comunicador del habitáculo restallo en estática antes de permitir la clara emisión de voz del oficial científico de la nave. – Capitán, ¿permite el paso?

- Adelante oficial Pake. – el capitán no se movió de la butaca. Hacía demasiado tiempo que conocía a Lisom Pake como para querer aparentar formalismos con él, así que espero a que este entrara. – Lisom, ya tardabas en llegar.

- De hecho, he tardado trece años menos que tu.- La boca del capitán esbozo una sonrisa. Conocía a Lisom desde que fue transferido a bordo de la Ulises. De eso hacía veintisiete años. Y ciertamente había sido una muy grata (y eficiente) compañía.

- ¿Puedo ofrecerte algo para beber? – dijo Pneph - ¿Te apetece Chai de Rigel?

- Si. – Pake coloco una taza bajo el grifo y activo el dispensador de agua caliente - De hecho no te levantes… – Pake hizo una pausa aguardando a que Pneph sorbiera de su bebida. Cuando este arrugo el ceño ante el insípido trago, Pake continuó con una sonrisa - …ya tomare yo mismo una de esas bolsitas de Chai que acostumbras a guardar en el suelo. – Ambos se rieron con franca alegría ante el incidente.

- Querido Lisom, por más que quiera mantenerme cauto en lo que a este asunto me compete, mi subconsciente me traiciona. – Tomo un nuevo sobre y esta vez se aseguro de introducirlo en la taza.

- Cierto que jamás te vi beber agua ardiente… a menos de que se tratara de alcohol. Así que, en efecto, debes estar alterado. – Pake tomo asiento en frente del capitán. – ¿Has leído los reportes de Greil?

El Capitán Pneph asintió.

- Deberíamos plantearnos el tomar tierra tan buen punto pongamos la nave en orbita de Clarke. – Pake se reclino en la silla y empezó su análisis. - Los informes indican ausencia de atmósfera.

La gravedad es algo superior a la esperada, pero perfectamente aceptable para un equipo de tierra humano. – pensó para si “De hecho, un viejo como yo agradecería un paseo por la placida superficie”.

- Pese a que la actividad interna del planeta ha cesado, sigue conservando el escudo electromagnético, con lo cual estaríamos protegidos de buena parte de las radiaciones cósmicas.

El ciclo de rotación sobre su eje es muy diferente al previsto, en concreto dieciséis horas estándar. La gravedad de cercanía no afecta en demasía al tiempo, luego podemos decir que la medición de este es cercana al estándar.

La temperatura es el único problema. Esta roca es una patata caliente, pero los servo trajes resistirán si tomamos tierra en la cara oculta.

- Pake, no me recites los análisis. Ya los he leído y no me parecen nada alentadores.

¿Qué piensas? ¿Realmente crees que vamos a encontrar algo? Esa roca lleva milenios abandonada. Tostándose al calor de esa roja. Por más que esta sea la Tierra, poco queda de lo que fue la cuna de la humanidad.

- Sin duda la ciencia estadística esta en nuestra contra. Pero no hay que desesperarse. Si este es el sistema estelar Sol, aunque la tierra sea un yermo, aun nos quedarían los diversos satélites de los gigantes gaseosos. Si recuerdo bien las clases de historia preter-dispersiva, el sistema Solar contaba con múltiples estaciones y colonias en las lunas de los dos planetas principales, coincidentes con los actuales tercer y cuarto. Algún rastro debemos encontrar.

- Llevo muchos años comandando esta misión, Lisom. Durante este tiempo he llegado a imaginar, más de un millón de veces, que encontraba la Tierra. Que paseaba por el inmenso mundo de la joven humanidad. – El capitán suspiro. – Ciertamente, estaba más preparado para la búsqueda que para el hallazgo. No me malinterpretes amigo, no soy un necio. Solo un romántico.

Lisom esbozo una cordial sonrisa, de hecho, sentía lo mismo que su camarada.

- Mi capitán, solo los románticos nos lanzamos a la búsqueda de imposibles. Si tales empresas las llevaran a cabo los “burrócratas” y los calienta-sillas del consejo, no habrían entendido que no todo es beneficio material. ¡Pero que no cunda el desanimo! Mire esta misión con ojos de arqueólogo y no de soñador. No veremos la cuna sino la “paleocuna”.

- Muy divertido. – Pneph se levanto. – Todo es culpa de esta maldita espera que corroe mis pensamientos. Necesito hacer algo. - Se acerco al comunicador de mesa y acciono el pulsador de activación. - Primer oficial, reporte de situación.

- Señor, en menos de una hora iniciaremos las maniobras de orbitación. ¿Desea que le avise cuando las iniciemos?

- Confió plenamente en su capacidad de mando comandante, le relevare una vez estemos en orbita. Hasta el momento permaneceré en la bahía de ingeniería.

- Entendido capitán. Corto.

Pake se levanto de su sillón.

- Entonces, ¿vamos a otear el sistema desde ingeniería? – dijo Pake.

- Por supuesto.

********

2

Terminal de acceso libre.

Acceso: Registro confederado de naves estelares.

Búsqueda: Ht5000, Ulises, descripción breve.

Holograma de narración: Dicharachero, didáctico.

Inicio:

La Ulises es una nave de la clase Ht5000. Pese a poseer el cuerpo de una fragata típicamente militar, dos de los tres módulos de tropas de asalto  se substituyeron, durante su ensamblaje, por módulos científicos. Con esta modificación, la nave conserva la capacidad de ataque intacta, (salvo que no dispone de capacidad de abordaje en combate) y recibe los beneficios de los módulos científicos a la hora de realizar análisis de campo. Los módulos científicos poseen veinticuatro laboratorios apoyados por la bahía de ingeniería de la nave, y permiten el alojamiento de un centenar de tripulantes. Dicho con otras palabras, la Ulises es, en la actualidad, la joya de las naves científicas de la confederación.

Como fragata propiamente dicha, dispone de un núcleo de curvatura para las largas distancias. Dicho núcleo permite doblar literalmente el espacio, uniendo dos sitios distantes en un mismo punto. Durante ese brevísimo lapso de tiempo, podría decirse que la nave se encuentra en dos puntos distintos a la vez. La energía requerida para semejante maniobra interdimensional, precisa de largos lapsos de preparación y recarga entre saltos. Durante ese tiempo, la nave maniobra con los motores gravitacionales (en total tres). Estos se encuentran en el corazón del núcleo de curvatura. Dichos motores, producen energía repulsiva y pueden alcanzar velocidades cercanas a la luz. Naturalmente, dichos motores están limitados “de fábrica”, de manera que velocidades tan extremas no se alcancen sin la intervención de los ingenieros de la nave. En dichos casos (catalogados como “situaciones de emergencia excepcionales”), la nave cuenta con nichos de soporte vital para la tripulación. Si se produjera una contingencia que requiera de tales velocidades, el ordenador tomaría el mando y aceleraría una vez que la tripulación estuviera estanca en los nichos. Dichos nichos, cubren la función de camas durante la travesía normal.

Como todas las naves confederadas, la Ulises tiene forma esférica.

Entre nosotros, esta característica no es fruto de la estética o el azar, si no del sentido común.

Las naves confederadas o “cebollas” (que es como los ingenieros gustan de llamarlas), no es mas que la imitación humana para la navegación, de un planeta mononúcleo. En el centro de la nave se encuentra el núcleo de curvatura antes mencionado. Alrededor, y tras fuertes capas de contención, se encuentran las diferentes estancias de la nave, subiendo capa a capa hasta la superficie. En el ecuador de la nave, diversas compuertas comunican los hangares de la misma con el exterior. Esta disposición, dota a las naves de múltiples beneficios como: gravedad centralizada, escudo electromagnético, gran superficie para la recepción de energía lumínica…

Alrededor de la nave (mas correctamente dicho, orbitando a su alrededor), múltiples satélites se encargan de tan diversas misiones como: el rastreo del espacio, las comunicaciones, la observación… En cierto modo, son los órganos sensoriales de la nave.

Y alrededor de todo ello, el triple escudo. Una combinación de: atmósfera de ozono (expelida por la nave y mantenida por el campo gravitatorio de esta), escudo refractor de ondas y, el ya mencionado, escudo electromagnético.

La información relativa a los sistemas de armamento, así como los objetivos de la misión, no están disponibles en esta unidad.

Fin de la transmisión.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments 1 Comentari »

Cròniques de l’HomePeix

Post hoc ergo propter hoc

No recordava en absolut la seva edat. De fet, no tenia la mes mínima idea de a quin grup generacional pertanyia.

En un exercici de raonament científic, deduí que com que no tenia el mes mínim record de res que hagués passat més enllà dels últims tres segons, era plausible pensar que era un infant. Com a recent nascut, podia admetre que la vida era una novetat per a ell. Cada experiència era nova, i, com a conseqüència, aquestes conformaven el seu creixement intel·lectual. Era meravellós! Per un mer procés causal, havia arribat a una axiomàtica conclusió:

- Com que no recordo res (tret dels últims esdeveniments recentment succeïts), puc dir (sense cap mena de temor a errar el meu judici) que sóc un infant.

Tota una mostra de categoria filosòfica la seva. Però quelcom l’inquietava. Com podia haver adquirit una forma de vida post embrionària tals coneixements en el camp de l’estudi de l’existència?

Haguessin fet falta força anys i experiències viscudes com per poder formular una idea semblant. Això el porta a la formulació del seu primer i obvi axioma existencial.

- Com que formulo raonaments complexes als quals només si arriba per processos propis de l’experiència acumulada durant anys, puc dir (sense cap mena de temor a errar el meu judici) que sóc un venerable ancià.

Amb un somriure de satisfacció, com només un ésser subaquàtic pot expressar, absorbir una mica de plàncton.

Llavors una idea li vingué al cap.

- I si fora de la peixera terrenal existia una peixera ideal? O sigui, la peixera de les idees?

Potser aquella peixera que coneixia només fos una vil imatge de quelcom més elevat. Llavors podria assumir que tot allò que sabia, no era fruit de l’experiència, sinó del raonament. Per tant, si raonava durant prou temps la qüestió, acabaria per obtindré una resposta.

I aquí apareixia un nou problema diferent a tot el que recordava haver tractat.

No podria predir si tindria prou temps (avanç de morir) com per arribar a la solució, ja que no recordava en absolut la seva edat. De fet, no tenia la mes mínima idea de a quin grup generacional pertanyia.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votes, average: 4 out of 5)
Loading ... Loading ...

Comments 9 Comentaris »

Cròniques de l’HomePeix

Tomet per la platja

No recordava res de la seva infància. De fet no recordava res més enllà dels últims esdeveniments. Simplement es limitava a fer un tomet pels voltants de la platja. De vegades es sentia desplaçat del seu medi. Tal com es sentiria un peix d’aigua dolça al mar. Tret de si ets un salmó, llavors forma part de la teva vida el néixer en aigua dolça i baixar a passar les vacances vora el mar.

Però els salmons son gent estranya. Els agrada patir. Es passen mitja vida treballant, anant contra el corrent natural de la vida. Viuen segons les tradicions, i tot per passar quatre dies de vacances a les sempre sobresaturades platges.

Bah! Posat a ser peix de riu, millor ser una truita.

- Aquests si que tenen ous! –pensà.

Ja! Quin ingeni el seu, “si que tenen ous”. Es sentia audaç, agut. Si hagués tingut quelcom mes de memòria, s’hauria adonat que aquesta broma ja estava força desfasada. Però quelcom de bo havia de tenir una memòria limitada. Podies reflexionar sobre el mateix tota la teva vida, un cop rera un altre, i extreure conclusions diferents cada vegada. O, com era el cas, riure’t de la mateixa parida ad eternum. Per cert, quan havia après llatí? No ho recordava…

Va virar cap al espigó volent examinar aquella zona novament desconeguda de la platja. De fet venia d’allí, ho podria haver suposat desprès de virar cent vuitanta graus. Però de nou, la felicitat de la ignorància auto induïda per processos naturals implícits a la seva espècie, feia que això no suposes un problema.

Tot d’una, una forma sinuosa despertà el seu interès. Les seves candents corbes el feren excitar d’allò més. Si apropar amb tota la intenció del món. D’haver tingut una boca convencional, hagués dit que aquesta se li havia fet aigua. Però els seus llavis succionadors romanien a diari envoltats d’aigua, i, de fet, desconeixia per complet tal expressió, almenys que ell recordes.

No recordava quan va ser l’últim cop que havia menjat, però el que si sabia es que estava afamat. Porugament, s’atansà a la contornejada figura. De fet ja podia palpar la seva delicada carn amb els seus llavis.

Tot d’una, la cautela s’activà al seu cervell. La memòria genètica de milers d’avantpassats va donar la senyal d’alarma, esporuguida per la immediatesa de la seva destrucció.

Rera de tota forma corba i candent, sempre hi ha un ham prest a capturar-lo a un.

Amb un sospir més psicològic que físic, donar mitja volta i posar rumb als desconeguts paratges d’on venia.

Això si, amb la fugaç i brillant certesa de que ben aviat oblidaria cap a on anava. I llavors tornaria a establir la derrota cap a l’espigo, on de ven segur, la forma candent i sinuosa, el tornaria a atreure com si fos la primera vegada. Qui sap, pot ser llavors fos diferent. Sempre era agradable experimentar aquella sensació, el feia sentir un infant.

Tot hi que… no recordava res de la seva infància. De fet no recordava res més enllà dels últims esdeveniments.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (2 votes