Night Freak

Llueve en la calle. Dentro, el humo del tabaco y el filtro etílico nublan mis ojos. No se si lloran estos por el escozor o por la incertidumbre en la que me hallo sumido. Los pensamientos fluyen sin sentido entre neuronas intoxicadas por litros de cerveza. Los agitados compases de Barón Rojo se entremezclan con el rítmico batir de mi corazón. No se que hago aquí. Pero aquí sigo.

Me siento como el gato de Schrödinger. Sin saber a ciencia cierta si estoy vivo o muerto. Al menos hasta que alguien destape mi caja.

Umpf. Si estoy metido en una caja dudo que nunca nadie se digne a destaparla. A no ser que la curiosidad se tope en el camino entre la caja y ese alguien.

Me estoy meando. Y eso despeja cajas y gatos de mi mente. Ya es la quinta vez en una hora. Debo tener unos riñones heroicos. Procesan el excedente líquido con gran maestría.

Con la presión del chorro ureico, trato de limpiar los restos de un frenazo. Me imagino comandando una batería de cañón de iones fijando el objetivo sobre un espécimen alienigena invasor. ¡Descomponte manchurrón de Unano!

Al final vence el mojón por cuestiones de tamaño y masa. Me rió. Me rió por que volveré. Y esta vez lo haré con la vejiga llena hasta los topes. Disfruta mientras puedas pedazo de mierda.

Aterrizo en el exterior del mingitorio, y voy a reabastecerme. Esta vez un chupitín de whisky antes de la mediana.

Miro a mi alrededor y te veo a ti. Me acerco con el sigilo propio de un hipopótamo desbandado. Vuelco un taburete. No pasa nada. Más allá del suelo no puede caerse objeto alguno. Salvo si dicho objeto es una partícula subatómica, entonces quizás se colaría por entre átomos y moléculas. Pero el taburete no es una partícula subatómica. Aunque con el impacto quizás se le han desprendido algunos quarks… menuda tontería.

“Que hay preciosa - quisiera decirte - Así pues los dioses andan entre nosotros de nuevo. Puesto que no puedes ser otra que Venus. O quizás seas Helena. Deja que te rapte divina criatura, ¡los muros de mi Troya no se doblegarían ni ante cien mil Menelaos!”

En lugar de esto balbuceó un “Güenas noches darlin’”.

Al menos me sonríes. Ya es algo. Quizás te animes a destapar la caja después de todo.

No se que le estaré contando, pero parece que le importa un pijo.

¡Baco bendito! Algo aprieta mis pantalones y no es una erección.

“Discúlpame, el deber para con la raza humana presta de mi intervención”.

Creo que respira aliviada… ella se lo pierde, mayor alivio le hubiera dado yo…

De nuevo en el baño. Cara a cara con el mojón. Por Crom, Macha y Morrigan, esta vez acabaré contigo. Orino con presteza, puntería y presión. Pero no se desprende el mojón. Entonces me acuerdo de Alejandro y el nudo gordiano. Y decido usar mi pensamiento lateral.

Le meto un terrible patadón al retrete con mis Art Martens de autentica imitación. El nudo se ha desecho. Ya no hay mojón… ni tampoco hay retrete. En su lugar una cascada de turbias aguas empieza a verterse por el suelo.

Creo que ha llegado el momento de irse a casa.

¡Hasta el casco antiguo y mas allá!

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »

.

Por la senda de Marte

Allí esta, cubierto por la sangre de sus enemigos. Extasiado por la orgía de hierro y carne. Paladeando el linfático brebaje tan caro a Marte. Un nueva embestida, una nueva alma para el dios del homicidio. El gladio hispaliensis brilla en rojo carmesí, untado en sangre que jamás iba a secarse en aquel ardoroso día.

El vigor de su brazo parece acrecentarse con cada golpe. Como si lejos de sentir el hastío de las largas horas batalladas, los cráneos partidos y los miembros cercenados renovaran sus fuerzas.

Suena el silbato. Ha resistido un envite más y merece el descanso. Retrocede mientras otro legionario cubre su puesto. Toma aire y se restriega la sangre de los ojos. Ya casi han roto el flanco derecho, un esfuerzo mas y los equites podrán pasar libres hasta la retaguardia del enemigo.

De nuevo el silbato. Avanza con el scutum al frente. Parada y apuñalamiento. Mas sangre.

El ánimo cartaginés vacila y la formación se desmorona.

Empieza la persecución hasta que la caballería les sobrepasa y extermina a los huidos.

El centurión grita para recomponer la escuadra. Pero el ha sobrepasado los limites del umbral de la locura. Marte el aniquilador ha tomado su cuerpo. Con el gladio, con el scutum, con sus manos… sigue matando.

Un rostro infantil le mira con terror tras una lanza rota. Huele a orines. No puede tener mas de quince años. Un leve segundo le recuerda a su hijo Flavio, de edad similar y seguramente guardado en Roma. No vacila mas allá de ese segundo y hunde el gladio en el cuello del impúber cartaginés.

Por fin oye los gritos del centurión. Vuelve corriendo a la formación ante la mirada colérica de su superior. No hay tiempo para mas reprimendas, hay que atacar el flanco del enemigo.

Baal se debilita ante el furibundo Marte. La suerte esta echada.

.

Despedida de Eneas

No llores más mi ida, bella Dido. Aciagos vientos me llevan a costas distantes. Empujado por la fatalidad que impulsa al mundo. Siento tu lamento en el fondo de mi corazón y miro con pesar como se pone tu vida en el horizonte. Llega la noche de mis días ante el agónico languidecer de la luz que irradian tus ya distantes ojos.

¡Oh Mercurio! Mensajero del Crónida, ¿porque no me dejaste morir? ¿Porque guiaste mis pasos hasta mi amada si pensabas hurtarme su afecto?

Llegué huido a tus costas, querida Dido. Apátrida y dolido en el orgullo. Fondeé en el calor de tus pechos, recale entre tus brazos. Pobre amor, devolviste el vigor a mis miembros, solo para consumirlo hoy en los remos. Soy navegante en un mar de lágrimas que ahogan mi amada Cartago.

¡Que fatalidad! Cambiar el suave tacto de tu broncínea piel por el adusto bronce tan caro a Marte. Dejar de enredar mis dedos entre tu pelo, por enredar mi destino a los dominios de Neptuno. Abandonar tu calido regazo por el frío y húmedo mar de la desesperanza.

Agrestes costas me esperan, dejando tras de mi tus dulces y sinuosas formas.

Ayer Troya ardió. Hoy se consume mi pecho.

Ámame, pero no me llores más, dulce Dido.

.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »

PessEbre

I

L’avantmatch

Ramiro López Sosa, agent reciclat del cos policial dels mossos d’esquadra, va rebre l’ordre de fer les maletes i de traslladar-se, en compliment del seu deure, a una petita vila situada al delta de l’Ebre. La missiva era clara, a partir del present dilluns, Ramiro assumiria el comandament de la comissaria de Pes d’Ebre.

Tot hi que la població no tenia més d’un centenar d’habitants a l’estiu, per en Ramiro, suposava el primer pas cap a una carrera d’èxits. Després de deixar la guàrdia civil i d’unir-se al cos dels mossos d’esquadra, només havia fet que patrullar els carrers de Barcelona. Bé és cert que havia aportat la seva experiència com a guàrdia civil a l’hora de reduir violentament a possibles sospitosos… ben pensat, segurament aquesta diligència era el que havia fet que l’inspector en cap es fixes en ell.

Així doncs, lluny de desanimar-se per haver de desplaçar-se a prendre-per-cul de la geografia catalana tot just avanç de Nadal, va acceptar l’ordre amb orgull.

***

A la comissaria central, el conseller de l’interior i l’inspector en cap dels mossos d’esquadra, feien un brindis per celebrar la genial idea que els havia portat a desfer-se del problemàtic agent.

- El felicito inspector. - Digué el conseller. - La seva estratègia de ben segur que ens ha salvat el cul d’un altre escàndol. Aquest tabalot d’en López, ens havia ficat al punt de mira de la judicatura catalana.

- Ha estat un plaer. - S’estarrufa l’inspector. - En un lloc tan remot es impossible que en tornem a sentir mai mes a parlar. Li empleno de nou la copa?

- Si us plau! Certament això s’ha de celebrar. Encara recordo l’últim merder que vam tenir amb les tortures a les monges carmelites… mira que confondre-les amb cel·les terroristes! Si no fos família de qui és, ja l’hagués inhabilitat fa temps! Posi’m més cava! Si és menester, ho celebrarem fins a cauré rodons!

De nou varen brindar.

- El felicito de nou. Donar-li un ascens com a cap d’una comissaria que ni existeix, sense membres al seu càrrec… certament gloriós inspector.

II

El poder terrenal i el poder celestial

L’il·lustre senyor Martí Guim, alcalde de Pes d’Ebre, estava ocupat fent burilles. Era un entreteniment d’allò més arcaic. Ja feien burilles els primes australopitecs per a passar les hores mortes, i certament s’havia perllongat en el temps tan gratificant practica.

Algú va picar a la porta, traient al senyor alcalde del seu ensimismament.

Ràpidament, va clavar la burilla sota la taula.

- Endavant! - digué l’alcalde - És obert.

Com una tromba huracanada, entra el mossèn del poble. De fet, l’adjectiu correcte no hauria d’estar relacionat amb el vent, si no més aviat amb el terratrèmol. O en el cas del mossèn, home de pes (i de Pes de tota la vida), amb el moviment tectònic de plaques continentals.

Fos com fos, entra al despatx de l’alcalde fet una fura.

- Sacríleg! - brama el mossèn - Apostata! Com goseu cancel·lar una festivitat tan nostra com es lo pessebre vivent! Comunista! Et consumiràs al foc etern per injuriar a déu nostre senyor d’eixa manera!

- Iep mossèn! Potser que afluixeu lo to un xic. Si voleu fer pessebre enguany, primer m’haureu de pagar los quartos que la seva santitat em déu.

L’alcalde era persona rancorosa, sobretot quan es tractava de diners. Tota la gent del poble coneixia l’amistat que havia unit al mossèn i a l’alcalde tota la vida. I com tota amistat que es veu trencada per calers, acaba convertida en el rosari de l’aurora. Fins al punt que l’alcalde havia prohibit el pessebre vivent del poble per a burxar al mossèn. I tota la comarca s’havia que el pessebre vivent de Pes d’Ebre era el mes espectacular del delta.

- No soltaré ni un ral! Et torno a repetir que no em vaig ficar a lo llit amb la prostituta, així doncs, si li vas pagar va ser per que tu vares voler!

- El que passa, “santitat” és que anàveu massa begut com per a saber lo que fèieu. I vos vau abusar de la meva amistat. I del Chartreuse. Així que no em vingueu amb collonades. Tothom sap que lo clergat de demanar en sap molt, però a l’hora afluixar la mosca, son tots de la congregació de la virgen del puño!

- Això! Tu condemnat més. Només fas que dir blasfèmies. El Chartreuse només lo faig servir com a digestiu després dels dinars, no com tu, escurçó de Lucifer! Estàs convertint lo poble en la nova Gomorra!

- Gomorra? Això ho diràs perquè tu l’estàs infectant de sífilis!

- Ja veig que no és pot raonar amb un ateu com tu. La parròquia sabrà que tu, i només tu vols impedir lo pessebre! Ho pagaràs car.

- No tant car com m’ha sortit pagar-te fins ara les putes!

El mossèn va tancar la porta de cop, deixant al senyor alcalde sol amb els seus pensaments. Tenia que moure fitxa si no volia que aquell fastigós del mossèn li’n fes alguna de grossa. Feia massa temps que el coneixia com per a saber que no tenia ni un pam de net.

Però ara es tenia que ocupar d’un altre assumpte. El dilluns, el desplegament dels mossos d’esquadra es feia efectiu al poble. Se’ls hi havia de preparar unes dependències. De fet, potser podia fer-los servir per als seus propòsits.

III

L’agent de la llei i la gent de l’ajuntament

- Doncs aixina si que l’hem fotuda - digué Benito - No em varen donar la informació correcta. Jo vaig entendré gossos de quadra, no pas mossos. Ja em semblava estrany això de fotre gossos en una quadra. Se que mun avi hi havia tancat un ruquet que tenia per anar al tros, i mun pare hi havia tancat (un cop que una ventada havia tombat lo corral) lo bestiar. Per això em va estranyar lo dels gossos. Per lo normal una gossera, o fins hi tot una gàbia ja fan lo fet. Però ja se sap que la gent de capital és com és.

En Benito era l’ajudant de l’alcalde. Ja se sap, aquell paio que canvia les bombetes dels carrers, el que te la clau del cementiri i de tant en tant hi passa a fer-hi una ullada… per lo general jubilat. En el cas d’en Benito, jubilat del tot. En aquesta ocasió havia rebut, de part de l’alcalde, la petició de tenir enllestides les dependències dels gossos de quadra per quan arribessin de la capital.

En Benito havia dedicat tot el dissabte i la tarda del diumenge ha retirar el tractor i les eines del tancat de casa seva, i ha escampar-hi palla nova. També va carregar d’aigua neta l’abeurador. Per això ara li sabia greu que el pixapins aquest, se li estigues enfadant per un error burrocràtic.

- Així doncs, prefereix que li prepari lo corral? - tot hi que el pixapins no li hagués caigut en gràcia, en Benito es mostrava sol·lícit.

- Vamos a ver… - l’agent López agafar aire - Em sembla que no ho ha entès. És MOSSOS no gossos. I d’ESQUADRA no de quadra. Mossos d’esquadra.

En Benito va respirar profundament. La seva sang cavera, li demanava a crits que li estampes un cop de puny al ca’n fanga. Així doncs va mirar de treure ferro a l’assumpte preguntant-li per la seva professió.

- Deu ser bona feina la d’arquitecte, oi?

- I jo que se. - Contesta l’agent López qui, certament, començava a estar fins als nassos de l’ignorant de províncies que li feia d’amfitrió.

- Home! Si és arquitecte ve ho deu saber.

-Sóc policia! - cridar l’agent López definitivament cansat - Po-li-ci-a!

- A molt bé! - cridar Benito - Deixi’m que li digui una cosa. Vostès, els de capital es pensen que ho saben tot. Primer que si gossos, després que si mossos i ara policia. Ja començo a estar una mica fart de vostè! I que sàpiga que a Catalunya no es diu esquadra! Es diu escaire!

Ja n’he tingut prou. Enllestim-m’ho. Si li sembla bé la quadra tots contents, i si no, se’n pot anar amb els de la seva espècie a la piara de la iaia Rita!

En Benito va marxar fet una fura, deixant a l’agent López, també força exaltat, a la porta de la quadra.

IV

Pecunia Praesens

- Per això ús dic, que tal i com li va passar a frefsre el babilònic, l’ira de Jahvé caurà sobre l’emissari de Satanàs que pretén anul·lar lo pessebre! - Sentencia el mossèn davant dels seus feligresos.

- Disculpi mossèn, quin babilònic a dit? - preguntar la sempre participativa Eustaquia.

- No m’interrompi al mig del sermó! - digué el mossèn. - Ni llavors ni ara, cedirà la comunitat cristiana als despropòsits dels fariseus!

- Havia dit babilònics, no fariseus. - comentar la Paquita.

- A mi no em sona cap frefsre… - digué una meditabunda Eustaquia.

-Prou! - cridà el mossèn - Es que no ho veieu! Ja ens estem corrompen interrompen el sermó. Quina prova més necessiteu per adonar-vos de les maleses que causa l’alcalde a les animes del poble!

- L’alcalde és nascut aquí. - digué la Paquita.

- Ja, i que? - exclama el mossèn.

- Doncs que aquí no som fariseus ni babilònics.

- Em cago en de… - cridar el mossèn, tot refrenant la llengua en l’últim moment. - Farem el pessebre vulgui o no vulgui l’alcalde.

- Però això seria contravenir la llei, i els catòlics no ho fem això. - digué la Paquita.

- I permetre que la llei divina quedi sepultada sota les falses lleis dels homes? Mai!

A més, si no hi ha pessebre, no hi diners a les paradetes!

Ara havien entès tots la necessitat de realitzar el pessebre petés qui petés.

- Si estem d’acord, comencem amb els preparatius. Au! Aneu-se’n en pau!

En qüestió de minuts l’església va quedar buida, tret d’una iaia encorbada que sortia amb la lentitud de qui repassa mentalment els textos del levitic.

- Definitivament no. No recordo cap frefsre. Li diré al xic que m’ho busqui per l’internet.

V

Chartreuse, fum i magistratura no fan bona conjuntura.

A les vuit del matí, el jutge en practiques de la demarcació de Tarragona va baixar al poble de Pes d’Ebre per entrevistar-se amb l’alcalde.

Estava molest. Ell era un jutge, potser en practiques però jutge, i no es mereixia tenir que treballar en una data tan senyalada com el vint-i-quatre de desembre. I més quan la seva missió consistia en posar pau a un cas estúpid en un poblatxo infecte.

De totes maneres, ell era la llei, i si volia la plaça (i el més important encara, el sou) de jutge tenia que fer concessions com aquella.

Malauradament, amb el que no hauria d’haver fet concessions fou amb els carajillos i sol-i-sombres que li encasquetava l’alcalde un d’arrere l’altre com a mostra d’amistat treballada.

I l’alcalde se’n va sortir prou bé. Un cops dinats el jutge ja no sabia ni com es deia i va concedir la raó a l’alcalde.

A l’hora de marxar, entre esses i tombarelles va anar a topar amb el mossèn. De fet el mossèn havia esperat tot el dia a donar-li caça. Casi sense saber ben bé com, una hora més tard es trobaven tots dos al prostíbul amb una copa de Chartreuse (verd per al jutge) a la ma.

El licor dels monjos cartoixos va fer l’efecte desitjat, i el mossèn va poder realitzar fotos a plaer d’un jutge ebri, nu i rodejat de putes.

A les dotze de la nit, entre etílics núvols de Chartreuse, el jutge pujà al seu audi i es posar en camí cap a Tarragona.

***

La nit era freda al delta. Però en Ramiro gaudia de la guàrdia. Desgraciadament no havia passat encara ningú a qui parar i poder multar. Va sospirar. Ho necessitava com l’aigua per viure. La cara de terror del desgraciat al que parava, fer-lo bufar, pillar-lo ebri o sense papers, fer-lo patir una mica. Ah! I el discurset, entre condescendent i paternalista. I finalment la multa.

Llàstima que aquell coi de poble no hi visques pràcticament ningú.

Però de cop uns llums en la distancia. Per fi, pensar. Es pujar els pantalons, s’arreglà la camisa i sortir del cotxe amb la lot per fer aturar el vehicle.

I el vehicle es va aturar. Ara bé, no com estava previst, que era frenant primer.

La trompada contra el cotxe de policia no va ser més espectacular perquè l’audi en qüestió anava força lent.

- Se puede saber que fa! - cridar l’agent López. - Documentación, ya!

Un super (no, millor hiper) ebri jutge va baixar la finestreta.

- Vostè… hic… no sap qui sóc jo! - digué el jutge - Sóc un magistrat… hic… apartis del mig i no interfereicc! interfereixi el curs de la llei!

En Ramiro va decidir saltar-se els preàmbuls i anar directament al discurs.

- Sabia vostè que va tot borratxo? Sabia que ha estampat el cotxe contra una unitat del cos dels mossos d’esquadra? Amb la seva edat, vergonya hauria de fer-li el anar conduint begut per aquestes carreteres, podria matar algú! - Ara venia el gir paternalista - que no ho veu, jove, que hi ha quelcom més a la vida que el jolgorio i la fiesta boja? Te una família que l’espera i…

- Calli pallasso… jo sóc jutge, entén jutge hic… sóc jo qui fa els… judicis, si… judicis.

Una mena de ressort a la ment de l’agent López es va activar. El “tricornio spirit” que portava dins seu va arrencar al jutge del seien a través de la finestra, tot estampant-lo al terra. L’immobilitzà i li posar les manilles.

Després de patejar-li el fetge i fer-li vomitar una mica, fica al jutge al darrere de l’accidentat vehicle dels mossos d’esquadra. Algú passaria la nit al calabós.

VI

Prima Legio de Pes d’Ebre

- Estimat Benito - digué l’alcalde - enguany lo pessebre no es farà. Es la llei. Però sembla que lo mossèn i els seus sequaços ho intentaran a expenses de la llei.

Per tant, i com a contra mesura, vull que desfilin els armats. Feu tot el que calgui per a interrompre lo pessebre vivent.

- Però si els armats no surten a Nadal… A més, no podem enfrontar-nos a la resta de lo poble…

- Deixem acabar. No es tractar de fer mal a ningú, simplement “simuleu” una incursió punitiva romana a un poble jueu. Ja saps, pallisses “fictícies” i crucifixions de “broma”.

A més, tinc entès que tal missió requerirà d’un nou i hàbil centurió. T’agradaria portar una escombra al casc, centurió Benito?

***

El centurió Benito es mirà amb orgull la lluenta cuirassa de plàstic galvanitzat. Era formidable! Alça el gladius de fusta i la primera (i única) cohort del poble es posar en moviment. Darrere seu, l’àguila de plàstic imperial, ensenya dels armats del poble, oscil·lava orgullosa d’alt d’un pal d’escombra.

De tant en tant algú aplaudia, i per a ell, era com estar a Roma. Entrant-hi triomfal. Com Juli Cesar!

Al final del carrer es veien els jueus! Tement la traduiria hebrea, va fer formar en tortuga.

***

El mossèn, mirar atònit com una dotzena de vacunés figures embotides en plàstic avançaven apilonades sota uns escuts rectangulars. Va reconèixer els armats. I va començar a tremolar.

El primer impacte de pillum se’l va endur la senyora Antònia al cap. Després li va tocar el torn a la paradeta de carquinyolis. Poc a poc, el pacífic pessebre vivent es va convertir en una batalla campal a cops de puny i garrotades.

L’agent López ho va veure tot. No va perdre el temps, i va sol·licitar reforços a Deltebre i Tortosa.

***

A la plaça major estaven crucificant al mossèn. Era una crucifixió de broma, no havien fet servir claus sinó que l’havien lligat pels canells amb fil ferro.

Mentre el centurió Benito netejava la sang del gladius de fusta, s’adonà que un regiment de soldats vestits de negre s’aproximaven.

- A formar! - cridar a la tropa - sembla que la festa no s’ha acabat.

Els legionaris formaren al voltant del seu cap.

- Per la glòria de Pes d’Ebre! Carregueu fills de Júpiter. Força i honor!

Qualsevol estudiós d’història clàssica podria assegurar que, a la batalla d’Alesia, els gals no es van endur emmanillats a les forces de Juli Cesar. Ara, ningú pot posar en dubte que els fills de la ciutat dels set turons, haguessin mostrat més ardor combatiu que la cohort del poble de Pes d’Ebre.

VII

Malament esta el que malament acaba

Certament, la quadra dels mossos d’esquadra del poble de Pes d’Ebre, no havia somiat tenir a tanta gent al seu interior. Tots ells presos.

Entre gemecs de dolor i ferum de vòmits, una ressacosa consciència despertar. El jutge intentar analitzar la realitat entre martellades al cap i punxades de intens dolor a les costelles. Per un moment va pensar que havia perdut el seny quan es va veure rodejat de legionaris romans i homes i dones amb túniques hebrees. Es posar en peu i s’espolsà la palla de la roba.

Poc a poc la memòria li anar retornant. I li va semblar entendre que hi feia tota aquella gent allí dins tancada. Va buscar el mòbil i va fer una trucada al seu oncle, el conseller de l’interior.

***

Per la seva banda, el Jacinto, home de fe que havia evitat les detencions de la nit anterior, va atansar-se a la plaça major per alliberar el mossèn. Aquest, en un atac de fúria digna de l’antic testament, va trucar a diverses revistes per a fer-los sabedors de que tenia en el seu poder fotos compromeses del nebot del conseller de l’interior.

***

A les quatre de la tarda, van confluir a la quadra dels mossos tot un seguit de personatges. Primer l’alcalde i l’agent López que obriren la quadra. Desprès una munió de periodistes que seguien al mossèn que els anunciava la noticia en el seu poder. De dins van començar a sortir uns gemecs més propis de bèsties que de persones.

Al poc, van arribar el conseller de l’interior, l’inspector en cap dels mossos d’esquadra i la dona del jutge.

Entre plors i escridassades, un escàndol era nat a l’establia. Així doncs, Pes d’Ebre va tenir, finalment el seu pessebre.

FI

Aquest text apareix a Indigents de la literatura com a part de l’exercici 2, per saber-ne més, premeu aquí.
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments 2 Comentaris »

1

Atardecer en Sumopl

Para el ojo no acostumbrado (en este caso para ningún ojo humano), el atardecer de Sumopl sería algo así como el desplomarse del cielo entre llamaradas de infausta naturaleza y miríadas de torbellinos de tóxicos gases.

Y es que Sumopl, tercer planeta en órbita alrededor de Sirio, es lo más parecido al infierno que uno puede llegar a imaginarse.

Sus calidos mares de ácido fluorhídrico, sus bastos paramos de acero inoxidable, sus apacibles playas de reaccionado férrico… en fin, una estampa que ni el propio Dante podría haber soñado en plasmar en su obra.

Pero lo que para nosotros, seres bípedos de cortas entendederas, puede ser el último lugar de visita en nuestro itinerario por el tártaro, para otros puede ser el paraíso.

Este es el caso de 761, que junto a 213, contempla el atardecer en Sumopl.

Ambos, se encuentran en la casa de 213, cerca de la placida costa de la isla de Tapón. Juntos, comparten la infusión de cloro.

Están celebrando, para los que no lo sepáis, la ceremonia del cloro.

No dicen nada. No son necesarias las palabras, solo contemplan como Sirio se pone tras los codos metálicos de poniente.

761 inspira por sus cuatro orificios los vapores que las sulfurosas brisas le brindan.

Y es que 761 es un bidón de la clase TB3000, blanco como el marfil, grande y viejo.

Los verdes fluorescentes del atardecer evocan en su memoria tiempos pretéritos en que él y su incombustible amigo 213 habían corrido maravillosas aventuras por la basta Sumopl.

En una ocasión, como ahora le venia a la memoria, ambos se unieron al ejercito del gran Shogun Btagua. Fue cuando trataron de anexionarse a los bidones correanos.

Por aquel entonces, 761 y 213 eran dos jóvenes TB1000. Ágiles, fuertes e intrépidos, pero carentes de la sabiduría que ahora poseían.

En este punto hay que aclarar al lector un detalle sobre las distintas razas y castas en el Sumopl feudal. Como hemos dicho, 761 y 213 era dos bidones TB3000, auque de jóvenes eran TB1000. La vida de un bidón esta determinada en función a su género. Los TB, pasan por tres estadios, el de 1000, el de 2000 y el de 3000 (léase juventud, mediana edad y vejez). Eso no quiere decir que todos los bidones cumplieran ese mismo ciclo. Por ejemplo, los TiT, pasaban por mas estadios como el de 750, el de 1000, el de 1500 y el de 2000 (léase juventud, madurez, vejez y bidón inútil).

A parte de estos detalles, ciertos bidones pertenecían a distintas razas. Sin ir más lejos, 761 era ario, mientras que 213 era azul. En la sociedad ultra clasista de Sumopl, no solían mezclarse los bidones de distintas razas entre si, no por racismo como algunos podrían pensar, sino por una cuestión estética. El mestizo nacido de un semental azul con una hembra blanca, sería un bidón lleno de manchas.

Como hemos dicho, el que no se mezclen con fines reproductivos, no quiere decir que no compartan amistad y aficiones.

En fin (y de vuelta a los pensamientos de 761), tenemos a dos jóvenes bidones ávidos de aventuras dispuestos a enrolarse en la mas extravagante expedición punitiva de sus tiempos.

Corría el año de 1592 después de Mx. En la imperial isla de Tapón, el ejército del Shogun Btagua se disponía a invadir la península de Correa.

Las imponentes fuerzas que el Shogun había reunido ascendían a 20000 bidones.

Entre los infantes se encontraban 761 y 213. Ambos eran excelentes arqueros, así como diestros en el manejo de la caladora.

La isla de Tapón no se caracterizaba por poseer buenas embarcaciones, por lo que la travesía hasta la península de Correa provoco múltiples vómitos entre los tripulantes de la flota.

Pero el día llego, y el desembarco se produjo con normalidad. Nadie les esperaba en las férricas costas del sur de Correa.

Así, el ejercito taponés, empezó con los protocolos guerreros. Saquearon varias aldeas, violaron a las bidonas que encontraron (ya fueran jóvenes o ancianas, así lo exige el protocolo militar), y llenaron de potasa cáustica los campos para que no fueran productivos por años.

El rey Txintank, rápidamente organizo la defensa. Tras una suerte de batallas los taponeses tuvieron que retirarse a su isla.

Pero que bien se lo habían pasado, pensaba 761. Habían dejado tras de si a miles de bidones pinchados, deformados e incluso triturados. Si, se lo había pasado en grande.

Encaro su tapón de comprobación a 213 y le dijo:

- ¿Piensas en la muerte, amigo? ¿Crees que todas nuestras vivencias van a perderse con nuestro fenecimiento?

213 volviose para encararse con su anciano amigo. Aquel debate ya lo habían mantenido en otras ocasiones, pero no dudo en exponer de nuevo sus argumentos.

- Del polietileno venimos y al polietileno volvemos. – Dijo 213 – Con nuestra muerte, los rituales de trituración nos devuelven a nuestro estado primigenio. Por todos es sabido que de nuestra antigua composición, nacerán nuevos bidones.

- Lo se. – 761 se recostó como solo un bidón puede recostarse – Pero nuestros restos triturados acabaran mezclándose con los de tantos otros, de modo que no volveremos a renacer tal y como fuimos de jóvenes. Todas nuestras experiencias se perderán en el olvido. O, ¿es que acaso tenemos un alma inmortal que conservara nuestra esencia?

- Somos parte de algo más grande, todos los bidones somos parte del gran montón de plástico. Nuestra existencia aquí, es puramente eventual.

- Pues yo me niego a morir tristemente aquí. - De repente, 761 tuvo una idea - Y creo que se como esquivar el olvido…

213 le miro con la extrañeza propia de un bidón. 761 siempre tenia grandes ideas, pero estas se limitaban al campo de lo mundano, de lo real y tangible. Por un momento 213 creyó que 761 estaba perdiendo la chaveta, pero cuando este le explico su plan, 213 se maravillo. Podía resultar.

2

Don Ramón de la Castaña

Fusil en mano, el noble cacique fabril, se interno por la espesura de los campos cercanos a la fábrica. En aquel ambiente, muchas veces, se confundían cazador y presa. Pero Don Ramón de la Castaña era un hábil cazador, y este safari le iba a generar pingues beneficios, así como una mayor gloria entre los diversos nobles de la sucursal ibérica de, la germana empresa, Protect.

El caracol asomo sus cuernos. Trataba de localizar la procedencia del apetecible aroma a carne humana. Ese fue su último y fatídico error.

Don Ramón había esperado ese momento con suma paciencia, y cuando la cabeza del caracol abandono su guarida portátil, este le propino un certero disparo.

El caracol se desplomo muerto. Con gritos de jubilo, los siervos de maquina, corrieron a recoger el trofeo de su noble amo. Con el esfuerzo conjunto de los cuatro trabajadores, arrastraron el cuerpo inerte del caracol hasta la seguridad del patio vallado de la empresa.

Con gesto de satisfacción, el noble tomo un pellizco de rapé de la adornada cajita que siempre le acompañaba.

De repente, cuando los siervos iban a cruzar la puerta vallada con su pieza, un enorme caracol rojo se abalanzo sobre uno de los portadores.

Como todo el mundo sabe, el caracol es un depredador voraz, rápido y sumamente eficaz. Y los de color rojo, además, son sumamente violentos.

Los otros tres trabajadores, no dudaron en soltar la presa y abandonar a su compañero, cruzando la puerta tan rápido como pudieron.

Los gritos de agonía duraron lo que Don Ramón tardo en cargar su fusil y abrir fuego sobre su desdichado siervo. Le procuro una muerte rápida, algo que el caracol rojo no le habría otorgado.

Este, volvió las antenas hacia Don Ramón, y como un rayo se lanzo a por él.

Don Ramón se mantuvo firme, añadió la pólvora al cañón e introdujo la bala de plomo.

El violento ente de la naturaleza estaba a tan solo unos pocos metros cuando Don Ramón termino de cargar el arma.

Lo que paso a continuación se describiría con un “PUM!”, pero nosotros usaremos una par de frases para alargar el texto.

Imitando a un témpano de hielo, los nervios de Don Ramón se mantenían fríos y firmes.

Alzo el cañón y disparo justo cuando el caracol saltaba sobre el.

Ahora tenía dos piezas para exhibir.

3

761 y el Sr. Urraca

El Sr. Urraca era el único humano en Sumopl. Había llegado allí tras doblar el espacio con su silo del reciclado. No lo habría logrado si en su día no se hubiera visto afectado por las emanaciones de flúor de la planta de Protect.

El Sr. Urraca había encontrado la felicidad en los ponzoñosos campos de Sumopl. Había plantado su silo encima de una colina de acero inoxidable enmohecido. Con el tiempo, había convertido el silo en su casa. Los visillos floreados, los tapetes de punto de cruz y la blanca verja que rodeaba su propiedad ayudaban a conferir al lugar una apacible apariencia hogareña.

Cuando 761 llego al borde de la verja, el Sr. Urraca estaba labrando una porción de residuo bórico para plantar pepinos. Esfuerzo de resultado exiguo, ya que los pepinos gozan de crecer en tierras fértiles con suficientes nitratos y abundante agua. Pero el Sr. Urraca no carecía de fe.

Con un gesto de barbilla que solo un bidón sabe como puede hacerse, 761 saludo al Sr. Urraca.

- A la paz de polietileno - saludo 761 - ¿Como anda la labranza?

- Mal, no hay manera de que los pepinos arraiguen.

761, siempre presto a ayudar le comentó - ¿A probado usted a plantar racores o fotocélulas? Un primo mío del pueblo recogió el año pasado un racor de catorce kilos. Gano el concurso de agricultores de Satsfuma.

- Ya, pero a mí me gustan los pepinos. - El rostro del Sr. Urraca era un drama. Luego, sonrojándose por su falta de tiento, se dirigió a 761 - Debe disculpar mis modales, aquí hablando de la siega del pepino y ni tan siquiera le he ofrecido una tacita de cloro a usted.

- No se disculpe amigo. - Dijo 761 moviendo un asa para quitar hierro al asunto. - Por otro lado, le acepto gustoso la taza de cloro. Podemos tomarla mientras conversamos. Tengo una propuesta que hacerle.

El Sr. Urraca hizo pasar a 761 al jardín. Allí le indico que se sentara en una de las sillas mientras el iba a preparar el cloro.

Al poco, el Sr. Urraca salió con el humeante brebaje listo para servir. Al tiempo que lo escanciaba, le pregunto a su invitado si quería una cucharadita de tripolifosfato (de hecho, tripolifosfato de sodio, pero se le denominaba comúnmente tripoli o tripolifosfato) para endulzar la bebida.

Como buen bebedor de cloro, 761 negó con la cabeza, a lo que el Sr. Urraca asintió con aprobación.

- Se hace raro hallar en estos tiempos que corren a gentes con buen paladar. - Dijo el Sr. Urraca. - Los jóvenes de hoy en día le echan tres y cuatro cucharaditas de tripoli al cloro.

- De ese modo es imposible degustar la bebida. - Asintió 761- Y le mata el aroma.

- Y bien querido 761, ¿que le trae por mi humilde morada? - dijo el Sr. Urraca - Seguro que no ha venido a debatir sobre la preparación del cloro, ¿verdad?

761 sonrió, le caía bien el humano. Era amable, sociable y emitía en radio. Sin duda todo un caballero.

- Estimado Sr. Urraca, he venido en calidad de amigo para pedirle un favor.

- Si esta en mi mano, considérelo hecho. - Exclamo el Sr. Urraca.

- Gracias. Me gustaría pedirle que me llevara a Mundofábrica, en concreto a la sucursal ibérica de Protect.

La expresión del Sr. Urraca se hizo seria de golpe. Hacía mucho que había abandonado aquel triste lugar. Además, si volvía, seguro que le hacían devolver el silo y las fastuosas llaves de cromo-vanadio que conservaba como un tesoro.

- No diga nada todavía. - Dijo 761 - Entiendo perfectamente que para usted no es placentero retornar a tal lugar. De echo no quiero ir por gusto a un paraje tan saturado de oxigeno y nitrógeno. - El gesto de asco se hizo evidente en la placa de 761.

- Entonces, ¿para que quiere ir allí?

761 le contó el plan al Sr. Urraca. Y aunque a este no le hizo mucha gracia la idea, termino aceptando por el apreció que sentía hacia su vecino. Además, podía aprovechar para comprar algo de plantel para pepinos.

4

Bidones, caracoles y pepinos

El cacique Don Ramón se había pasado media mañana para colocar las dos cabezas disecadas de los caracoles en la pared de su oficina. Ahora, cada vez que alguien entrara en su hacienda, podría admirar (e incluso sentirse intimidado) por la fiera mirada de los malogrados y disecados gasterópodos.

Mientras, en la planta, los trabajadores seguían refinando la baba del caracol para venderla a viejas de la nobleza. Es de común conocimiento que la baba de caracol, lejos de ser pringosa y asquerosa, es un bálsamo para el cuerpo, así como un potente afrodisíaco.

La baba se vendía bien, por lo que Don Ramón podía mantener su estatus sin más complicaciones.

De repente, un chirrido precedió a un potente estruendo. Don Ramón se asomo a la ventana que daba al patio y observo, no sin asombro, como el viejo silo del reciclado volvía a casa después de varios años de exilio.

A su alrededor, esas incultas gentes, que son los operarios, se tiraban al suelo y se postraban de rodillas para adorar al silo. Era una práctica común siempre que algo caía del cielo.

Por lo visto, una especie de corriente religiosa de cariz zoroastrista, proclamaba la llegada de un Mesías venido del cielo. Pero los que bajaron del silo eran un bidón y un tipejo que, a todas luces, parecía un mecánico.

Don Ramón tomo su sombrero de tres picos, y bajo al patio.

***

761 miró con aprobación a la veintena de operarios que le rendían culto. Eso era, según pensó, que su fama de conquistador le precedía. Al poco, una figura embutida en un traje ridículo se le acerco.

Aquí, decimos ridículo desde el punto de vista de 761, ya que la moda de los cuellos con flecos y las mallas, no era conocida en Sumopl. Allí gustaban de corretear desnudos por la espesura.

- Buenas tardes - dijo el bidón - Me llamo 761, desearía hablar con el responsable de este paraje.

- Buenas tardes - dijo Don Ramón - Yo soy el responsable, Marqués de la Castaña para servirle a usted.

Don Ramón poso su vista sobre el Sr. Urraca. Aunque algo más hinchado y verde, reconoció la frecuencia de sus emisiones en la banda del uranio.

- Vaya, pero si es el Sr. Urraca. Hacia años que no sabíamos de usted. ¿Conocía el hecho de que debe dos horas a la empresa? El departamento de recursos inhumanos esta que trina. - luego con una sonrisa y una mueca de complicidad dijo - yo de usted no me acercaría a las oficinas.

- De hecho, creo que permaneceré en la cúspide del silo hasta su regreso, 761. - El Sr. Urraca se despidió de Don Ramón y empezó a trepar silo arriba. A medio camino recordó algo y volvió a bajar.

- Er… Don Ramón, ¿Tendría usted a bien darme unos pepinos para plantel?

Con un gesto de la mano, un gesto de esos como desganados o faltos de energía, ya saben, de mano muerta. Vamos el gesto desdeñoso que hace la nobleza con la mano. Pues en fin, a la realización de ese gesto, un par de operarios fueron a por los pepinos.

- Pase usted a mi despacho, allí podremos tratar los negocios que le traen por estos parajes.

Don Ramón indico la dirección, y él y 761 tomaron ese rumbo.

Una vez en el despacho, y tras las trivialidades típicas de las conversaciones triviales (y no tribales), 761 expuso su problema a Don Ramón.

- Por muchos años he vivido, y lo cierto es que no me apetece morir. - Así empezó la alocución de 761 - Llevo estos últimos años tratando de hallar respuesta a la pregunta: ¿Tenemos alma los bidones? ¿Es divino el polietileno? Y sabe una cosa, cada vez certifico con mayor denuedo mi ateismo. Miro hacia atrás y siento pavor por la perdida que supone el futuro. Si tras la muerte no hay nada, en la nada se quedara toda una vida de experiencias, sensaciones y sentimientos.

Y aquí viene mi suplica, usted dispone de un triturador para plástico así como un silo y una maquina extrusora. Le pido que me triture, que recoja el material y lo use para fabricarme de nuevo. Use un molde joven, ya sabe un TB 1000.

- Eso es mucha faena. Además, no hay garantías de que salga bien el invento. Podría morir definitivamente antes de tiempo. Y parece que tiene usted un amplio apego a la vida.

- Asumo el riesgo. Si tengo que perderme, que más da que sea hoy o mañana. Si sale bien la jugada, seré joven de nuevo, y habremos puesto los cimientos de la autentica eternidad.

- De acuerdo. - dijo Don Ramón encendiéndose un puro - Ahora deberíamos tratar el aspecto económico de la cuestión. ¿Que ganó yo?

- Por supuesto, no espero que lo haga gratis. Estoy dispuesto a pagarle, digamos quinientas mil pastillas de plástico.

761 se quedo tan ancho como era. Semejante trato era irrechazable. Aquello era una fortuna, suficiente incluso para comprar un pequeño reino en Sumopl.

-¿Pastillas de plástico? - dijo Don Ramón - ¿Para que quiero yo pastillas de plástico? Mejor me paga en asios. Quinientos mil, igual.

Como siempre que sale algo extraño en la narración, la corto violentamente para explicar al lector el significado de algún concepto poco claro. Se, que haciendo esto, estoy partiendo por la mitad el hilo de la narración, y que posiblemente este usted en tensión por conocer el desenlace de la conversación. No se preocupe, no vale la pena. Ya le digo ahora que acabaran llegando a un acuerdo, así que no se preocupe más por ese tema y deje que le aclare dos conceptos: pastillas de plástico y asios.

La pastilla de plástico es la moneda típica de Sumopl. Una pastilla equivale a mil de las antiguas pesetas. Por otro lado, el asio, es la moneda que entro en circulación en substitución del euro. Como dice el nombre, tras la invasión China de Europa, se estableció el asio como moneda comunitaria. Equivale a una con tres pastillas de plástico, o sea mil trescientas treinta y tres de las antiguas pesetas, algo así como unos ocho euros.

Acordado el acuerdo, Don Ramón estrecho el asa de 761 y quedaron en reunirse al amanecer para proceder con la operación.

5

El experimento

A las seis de la mañana, el silencio imperaba en la planta de Protect. Al poco de que el cuco cantara las horas, la puerta se abrió.

Don Ramón de la Castaña, acompañado de su sequito, entro en la nave.

En cuestión de minutos, las luces iluminaron el pabellón y los operarios se pusieron a trabajar con denuedo.

Se activaron las bombas, se abrieron las llaves de paso, se limpiaron el molino y el silo.

Una vez estuvo todo listo, llego 761. Tranquilamente, se coloco en la plataforma que lo introduciría en el molino.

- Don Ramón - dijo 761 - asegurase que grano alguno se pierda. No permita que restos de otros bidones infecten el triturado. No quiero errores en este punto.

Don Ramón acciono el pulsador de la plataforma. Mientras esta subía, el marques de la Castaña le dirigió estas palabras a 761.

- Nada debéis temer noble amigo. Todas las precauciones se han tomado. Cuando seáis triturado, os trasportaremos grano a grano hasta la tolva de la extrusora. Será, sencillamente perfecto. En menos de una hora, volveréis a la vida con renovada juventud.

761 saludo con el asa.

Fue lo último que hizo, ya que seguidamente cayó en el triturador y fue, literalmente, molido.

Como Don Ramón había prometido, una vez 761 fue triturado, se recogieron los granos uno a uno y se llevaron a la tolva.

Y al fin el momento clave. Con un teatral gesto, Don Ramón acciono el pulsador que debía iniciar el proceso creador.

***

Con una estruendosa pedorrera, el macarrón de plástico empezó a caer del inyector. La fábrica se sumió en el caos. El petardeo constante ya indicaba de sobras que algo iba mal. Fragmentos de porquería aparecían en el macarrón, y este detritus agujereaba el otrora 761.

Al finalizar el proceso, 761 había muerto.

Con un grito de rabia, Don Ramón saco el látigo y empezó a chillar con evidente cabreo:

- ¡¿Quien es el puto subnormal que no ha sacado los churros¹?!

Epílogo

El Sr. Urraca cargo entristecido los restos de su amigo en el silo. Los llevaría a Sumopl para que se le diera digna sepultura. Al final, la búsqueda de la eternidad, había terminado por llevar a 761 a la muerte.

Y todo por unos churros que no habían sido quitados del cabezal.

Maldijo al inútil del Sr. Coraje, quien no tuvo tiempo de sacar los malditos churros en dos semanas.

Sin más ceremonia, se despidió de Don Ramón, y subió al silo.

Una vez montado en el, echo una última mirada a la fabrica y sonrió.

Al menos tenía el plantel para pepinos y no le habían hecho devolver las dos horas que debía.

FIN

.

.

1.- “Los churros” es como se denomina comúnmente, al excedente de plástico que sublima del cabezal cuando este se carga. Si no se retiran con cierta frecuencia, pueden ocasionar problemas, como la producción de carbonilla que contamina el bidón.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votes, average: 4 out of 5)
Loading ... Loading ...

Comments 2 Comentaris »

1

El Imbécil

Como todas las mañanas, el Sr. Coraje se levanto de la cama por el lado derecho. Era una tendencia natural que compartía con otros muchos seres humanos. La diferencia radicaba, en que dos de cada tres veces, estrellaba sus bruces contra el suelo.

Del otro lado de la cama, Penitencia Amargura, trataba de disimular el abandono de Morfeo. Pero el sobresalto, que le produjo la infalible estadística, la delato.

- Pene, – así llamaba el Sr. Coraje a su mujer – prepárame un café con leche.

A diferencia de otros matrimonios, que con el paso del tiempo no necesitan de palabras para entenderse, este, carecía de comprensión alguna del lenguaje.

- No creo que te escuche. – dijo Penitencia – Al menos en los últimos tiempos parece no inmutarse por nada.

Sin tratar de comprender lo que su mujer le decía, estableció mentalmente en tres, los terrones de azúcar y se dirigió al cuarto de baño.

Póstrose como todo mortal, ante el altar de mármol blanco que preside todo cuarto de baño. Tras vaciar la bufeta, giro su desgarbada figura en dirección al espejo. Allí, con solemnidad, contemplo su faz cochinesca. Estaba tan radiante como solo el uranio puede estarlo.

Con movimientos de experto, vació medio pote de laca en el ceniciento cenicero de su cabeza.

Y aquí nos detenemos un momento para aclarar el tema de su lánguida testa.

Por todos era conocida, esa especie de calva estilo fraile franciscano que la naturaleza le había otorgado. Para su escarnio, en vez de asumir la calvicie con dignidad, como tantos otros hacen, decidió ocultarla, alzando una puntiaguda y lacada empalizada capilar a su alrededor.

A lo que el gustaba denominar “un peinado de lo mas fashion y juvenil”, otros preferían llamarlo “bebedero de patos” o “cenicero”. Y es que solo los más imbéciles niñatos, salidos de las peores factorías de ruido, lucían semejante insulto en sus cabezas.

Así pues, con la cabeza fijada sobre los hombros, abandono el cuarto de baño entre aromas ricos en hidrocarburos.

Persónose en la cocina. Allí, el puchero de café con leche le esperaba ardiente sobre el fuego, contrastando sabor y temperatura con Amargura.

Tras quemarse (también como la ciencia de la costumbre había establecido), escanció el brebaje en un tazón. Añadió los tres terrones de azúcar y sorbió ruidosamente hasta terminar.

Finalmente, tomo el maletín que su esposa le tendía, y abandono el hogar familiar.

Al poco, recordó que, las leyes del decoro, le exigen a uno salir a la calle con, por lo menos, un mínimo de atuendo.

Ahora si, con los pantalones, camisa y zapatillas puestos y calzados, abandono su casa.

2

La rata del polietileno

En la sucursal ibérica, de la empresa alemana Protect, la nueva jornada laboral empezaba perezosa y desganada. No parecía, a simple vista, que una reunión estuviera a punto de acontecer.

Pero así iba a ser.

El director de la sucursal, Herr Winkel, emplazaba los botellines de agua en la mesa de juntas. Como en toda guerra, una reunión requería de la máxima diligencia y de la más estudiada estrategia. Y Herr Winkel, conocido como “La rata del polietileno”, hacía honor a una larga ascendencia de militares germanos.

Por ejemplo, a sabiendas que serian nueve los reunidos, había emplazado solo seis botellines de agua, con intención de dividir a los asistentes en la lucha por los recursos. Sin duda, las miradas de desafió y los odios se desatarían cuando el deshumidificador empezara a secar los gaznates. Ese seria el momento para observar las coaliciones e incentivar las traiciones.

Como segundo paso en su ofensiva, había añadido laxante a las seis botellas, con intención de hundir los ánimos de los victoriosos.

Entonces, y solo entonces, soltaría su propuesta, la solución final. Y nadie en absoluto estaría en condiciones de refutarla.

Con una risa de malo de película mala, se dispuso a esperar a los jefes de sección mientras acariciaba los vértices de su germana cabeza.

3

Señores feudales

Como siempre que se producía una reunión con la dirección, los señores de cada turno se juntaban en cónclave alrededor de la maquina expendedora de café. Formando un círculo, para dar a entender que se encontraban entre iguales, discutían sobre el motivo de la reunión.

Siempre que se llamaba a cónclave, se apartaban las viejas rencillas, para tratar de hallar soluciones a los problemas que sobrepasaban su capacidad individual. Pero esta vez, las heridas, aun abiertas, del conflicto territorial entre los señores de los turnos A y C, empañaban las buenas artes del cónclave.

Como solía ocurrir con frecuencia, las trifulcas fronterizas acababan por degenerar en incursiones y guerras. En esta ocasión, el afanamiento de quinientos tapones de dos pulgadas por parte del señor de A, había provocado la ira del señor de C. Dicho señor, altivo y vengativo como pocos, falseo los documentos de producción con el fin de hundir al señor de A en la inopia administrativa. Las constantes sangrías habían sido aprovechadas por B, autodenominado El Augusto, quien obtuvo una posición de poder sobre ambos dos.

Así pues, en este mar de odio, D y E decidieron aunar esfuerzos para defender sus turnos del creciente poder de B.

Como tiende a suceder en este tipo de textos baratos, y bajo el dicho clima de tensiones y desconfianza, llego el anuncio de la reunión. Y, como siempre que la proclama era expuesta en el panel de anuncios, se llamaba a cónclave.

Las cosas estarían realmente mal si no apartaban las enemistades en pos del entendimiento.

Y realmente pintaban bastos en el horizonte… aunque de otra índole.

4

El Oráculo

Nadie sabía como había acabado en la cima del silo del reciclado. Nadie recordaba desde cuando vivía allí. Los rumores y las leyendas fluían por la fábrica entre susurros y miradas de temor y reverencia. Se creía que, allí arriba, el Oráculo estaba en contacto con los dioses. Algunos de los más devotos operarios y mecánicos, le ofrendaban los restos del bocadillo y las pieles del plátano. Lo cierto es que el aura verduzca sobre el silo, cuanto menos, provocaba respeto.

Nadie había osado jamás, subir a las alturas del silo para hablar con él.

De ese modo, nadie jamás supo que el sabio, en otro tiempo el Sr. Urraca tenía una historia menos fantástica y más dramática.

Una fría noche de invierno, la junta de la culata del silo de reciclado se rompió. Dicha noche, el bueno de Urraca, trabajador honrado y resignado padre de familia, estaba de retén mecánico. La llamada de auxilio se produjo a las tres de la madrugada, y Urraca se persono en el lugar en menos de veinte minutos. Con resignada abnegación, tomo las herramientas de su oficio, y ascendió a las alturas del silo.

Atendiendo a su deber, aisló la avería y la reparó.

Pero para su desgracia, y posterior leyenda, la chimenea de la cámara de almacenamiento del flúor, eructo una bocanada del gaseoso elemento. La tremenda inhalación, del gas por parte del mecánico de mediana edad, produjo una convulsión e