Sobre los discos iridiscentes y su redescubridor

La orden del disco iridiscente se conformo como apéndice al culto a Emc en la era de la curiosidad, siendo el místico y filosofo Orpheus de Caix quien fundo dicho orden.

Se conoce de Orpheus de Caix que fue un joven brillante capaz de comprender algunos de los enigmas más complejos del viejo saber, siendo el mayor de todos sus logros el descubrimiento del uso de los ya mencionados discos iridiscentes de la vieja tierra.

Durante siglos, dichos discos cubrieron las paredes de algunas de las más ilustres casas del continente, siendo considerados ornamentos de gran belleza y mayor opulencia. El hecho de ser un objeto de los antiguos, junto a la increíble capacidad de retener la iridiscencia del arco iris, dotaban a los disco de un valor extraordinario.

Estos discos solían encontrarse en las ruinosas ciudades ciclópeas de los viejos terrícolas, como la mayoría de objetos antiguos, pero la presencia de bandidos y salteadores bárbaros, hacían difícil su extracción.

En una ocasión, el señor de la guerra Grom el anihilador de la costera tribu de Fargueras, encabezo una campaña hacía los restos de la semi inundada Gerunda, donde tras sangrientas luchas pudo saquear las ruinas de dicha ciudad. Tal campaña le reporto pingüe beneficios, obteniendo centenares de discos y otros tantos cientos de objetos de la vieja raza.

De todos modos, nunca se sabía donde podía aparecer un yacimiento de dichos discos.

Más de un labrador había encontrado la fortuna tras pasar el arado en los mas míseros retales de tierra, desenterrando por casualidad algún que otro disco, o como en el caso del famoso alfarero, Castor Alfaro de Fritzia. Dicho alfarero, mientras preparaba un foso para el adobo de la arcilla en el pequeño cercado de su propiedad, fue a dar con un recipiente que contenía un centenar de discos iridiscentes en perfecto estado de conservación. Dicha fortuna le permitió adquirir los terrenos colindantes y establecer la mayor hacienda de explotación de la arcilla de toda la riba del río Setle.

Aunque uno de los personajes históricos más famosos por su relación con los discos fue el bárbaro Froilá de Barcena. Se dice que adornaba su cuello con un singular collar formado por cinco discos unidos mediante una cadena de oro. A su vez, solía regalar a las mujeres que pasaban a formar parte de su aren, un sinfín de discos con los que adornar sus cuerpos desnudos. ¡Y dicha leyenda dice que su aren contaba con más de cuatrocientas hembras de todo el continente!, de ahí que la expresión “correr tras las mozas del bárbaro” se aplique hoy en día a los buscadores de fortuna.

De todos modos, no fue hasta la era del ilustrado Orpheus que se evidencio que dichos discos no tenían nada de ornamental, sino que mas bien eran “una especie de contenedor de reflejos del pasado”, tal y como el mismo místico los definía.

Pero pongamos a Orpheus en antecedentes…

Era hijo de una familia de trashumantes de los montes de Caix, donde dedicó sus años mozos a dicho oficio. Se dice que en una ocasión, mientras ejercía el pastoreo, su perro pastor, se puso a escarbar con vehemencia un pequeño montículo. Orpheus, contemplaba con humor la labor de su canido amigo, el cual termino por dar con lo que resultaron ser los huesos de algún pobre diablo.

La fortuna quiso que dichos huesos estuvieran acompañados de un bloque corroído de folios que en otro tiempo debió conformar un libro. Al contemplar el libro, Orpheus no tardo en percibir que fue escrito por los antiguos moradores de la tierra. Un compendio escrito en diversas lenguas, todas ellas incomprensibles, con abundancia de dibujos y esquemas. El joven guardo como un tesoro el libreto y todos los días mientras dejaba pasturar a los bovinoides intentaba desentrañar su oculto secreto. Durante años contemplo las hojas y los escritos, llegando a memorizar sus esquemas pero sin lograr entender su contenido.

Pero por uno de esos casuales de la fortuna, que parecía favorecer al joven, quiso que un buen día un carromato de monjes cientifistas del culto a Emc, llegara al villorrio de Caix. El pueblo entero se acerco a ver las maravillas que los monjes traían en su carromato, y entre ellos estaba el joven Orpheus. Objetos de toda índole llenaban los estantes del carromato, vasijas de materiales desconocidos, instrumentos de extrañas medidas… en definitiva, brillantes y no tan brillantes objetos completamente inútiles ya que su uso se perdió en los tiempos del olvido tras el debacle de la vieja raza.

Sin embargo Orpheus si que reconoció uno de los objetos del carromato. Parecía coincidir con uno de los dibujos del libreto del joven, una caja de gran tamaño con un opaco cristal en su frontal. No era idéntica al esquema del libreto, pero Orpheus intuyo que se trataba de un instrumento semejante.

Se dice que en ese momento un rayo de la luz de Emc aclaro las nubes de la mente del joven y este comprendió el sentido del boceto.

Según se dice, se trataba de un manual para hacer funcionar una maquina, y la caja de los monjes no era mas que una de sus piezas. Así lo hizo notar a la comitiva, y estos, impresionados por el audaz razonamiento del joven, le ofrecieron ingresar en el culto, donde podría trabajar en la búsqueda del conocimiento primigenio.

El joven no lo dudo, y en menos de un año ya había mudado los hábitos de neófito para vestir los de acolito de pleno derecho del culto.

Pronto se vio que el joven tenía un don y los viejos jerarcas de la orden le dieron todas las facilidades para que pudiera explotarlo al máximo.

Durante sus primeros años en la orden, trabajo codo con codo con su tutor, el místico Luben el sabio, desarrollando el famoso generador de poder, el cual debía proporcionarle años más tarde su mayor éxito.

Por mas de quince años, el sabio Orpheus no ceso en su empeño, sin olvidarse jamás ni por un instante de su objetivo primordial, la creación de la maquina del boceto. Durante ese tiempo reunió algunos de los objetos que el boceto señalaba.

Finalmente, el año 3053 tC, Orpheus completo su maquina. Se dice que esta constaba de la gran caja, la cual estaba unida a un pequeño chisme mediante apéndices de cobre. Naturalmente la maquina no funcionaba, pero no lo hacia porque no tenia poder, así pues, tras adaptar la maquina al generador Luben-Orpheus, obtuvo al fin resultados. El cristal opaco de la caja se ilumino. Toda la orden se congrego en los laboratorios del sabio impresionados y patidifusos ante la visión de la antinatural iluminación de la caja. Muchas fueron las especulaciones al respecto, pero lo cierto es que nada se obtuvo salvo luz y ruido de la caja.

Pero Orpheus sabia que la maquina estaba completa, solo que desconocía el uso practico de la misma. Pasaron los años y Orpheus envejeció prematuramente por la imposible solución de su problema y la enfermedad se apodero de el.

Pero dicen que Emc premia a sus discípulos mas tenaces. Así, pocos meses antes de la muerte de Orpheus (y ya sea por obra divina o por mero azar), logro dar con un compartimento situado en el objeto anexo a la caja. Este extraño cajón, mostraba un receptáculo de forma discoidal.

¡Y he aquí la luz!

El sabio se lanzo, pese a su enfermedad, a la carrera en dirección al almacén de la orden. Jubiloso como nunca se le viera y causando gran conmoción entre los presentes, que lo siguieron, alterados por su comportamiento. Llego hasta el almacén donde la orden guardaba un ingente tesoro en discos iridiscentes, tomo un puñado entre los brazos y subió hacia el laboratorio.

La turba de monjes se concentro tras el, y este sin prestarles atención activo el generador de poder, abrió el compartimento, introdujo uno de los disco, que encajó perfectamente, y de nuevo cerro el compartimento. Tras unos breves segundos la pantalla se ilumino con extrañas imágenes del mundo pretérito y un atronador estruendo de sonidos invadió la sala. Dando saltos de alegría toda la orden celebro el increíble hallazgo de Orpheus.

Así fue como se descubrió la función de los discos iridiscentes, que transcendió el uso ornamental para mostrar uno de más documental. Naturalmente su valor se disparo cuando la noticia se supo tras los muros de la abadía.

Desde entonces, y aun ahora pese a que la maquina de Orpheus dejo de funcionar súbitamente hace mas de dos siglos, centenares de peregrinos de los más dispares puntos del continente visitan diariamente el monasterio erigido por la orden en memoria de Orpheus. Allí, el apéndice del culto a Emc, la orden del disco iridiscente, aun hoy conserva los documentos sobre los contenidos de los discos, sin saber muy bien si se trataba de un ojo encarado hacia la vieja era o de un archivo visual del remoto pasado de la humanidad.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »

El animal

Despertó con el cuello dolorido, entumecido por haber dormido sentado, de hecho no tenia conciencia de haberse dormido en tal postura, pero los impulsos nerviosos de su cuerpo así se lo indicaban. Hizo un esfuerzo para abrir los ojos, solo para sentir la cegadora luz de una bombilla. Trato de restregárselos con las manos, pero los brazos no le respondían. Una risita se coló por su sistema auditivo, y tuvo por primera vez conciencia de no estar solo.

Finalmente, la vista se le fue aclarando hasta el punto de permitirle ver cuatro formas. Se recortaban frente a el, dejando de fondo una pared tapizada de papel con motivos florales. La ventana quedaba a la izquierda de su visión, pero tras ella solo se percibía una profunda oscuridad.

-Parece que despierta –la voz le golpe la conciencia. El tono le indico que se trataba de un niño. De hecho, ahora los veía con mas claridad. Cuatro niños.

En primera fila, dos niñas de apenas tres o cuatro años le miraban con una sonrisa desdentada. Ambas lucían vestidos rematados en puntas de ganchillo. En ellos exhibían florecillas que contrastaban con las pared que les hacia de fondo. Tras de estas dos, se encontraban un niño y otra niña algo mayores, o al menos eran mas altos. La niña vestía como sus dos compañeras, mientras que el chico llevaba un peto tejano y una camiseta blanca. Los cuatro eran rubios.

Un grado de conciencia mayor (al que finalmente accedió al ir abandonando el sopor) le llevo a comprender que estaba atado. Pero su mayor sorpresa fue el descubrir su desnudez al buscar las ligaduras con los ojos.

Se ruborizo. Estaba confundido. No sabia que hacia allí sentado, desnudo y atado, rodeado de cuatro impúberes en una habitación que no reconocía. Si el dolor de su cabeza, cuello y brazos no hubiera sido tan intenso, sin duda habría creído estar soñando. Trato de articular palabras, pero lo único que broto de su boca fue un salivazo.

-Que asco –dijo la niña de la derecha.

-No lo entiendo, no es un animal común –siguió la de la izquierda.

El chico le tendió unas tijeras a su compañera de enfrente, mientras que posaba su mano izquierda en el hombro de esta. La niña se las mostró al cautivo.

Forzó una sonrisa pensando que iba a ser liberado. Los cuatro niños le devolvieron unas sonoras risotadas.

-No es negro, pero me da asco. –argumento la mayor de la niñas.

-Es un sucio animal. –dijo el chico.

La menuda de las tijeras se acerco a el y le agarro el pene.

Un impulso de alarma recorrió todo su cuerpo, termino de despertar ante la locura que percibían sus ojos y oídos.

¿Que diablos era aquello? ¿Que clase de broma absurda?

La niña le miro a los ojos y su mente se fundió en abismos de locura.

¡Que ojos! Pozos de abismal negrura, en unas infantiles cuencas. Aquello no era humano.

Cuando las tijeras se cerraron de un fortísimo golpe, un agudo dolor inundo todas las células de su cuerpo. Noto la humedad de la sangre que recorría sus piernas. Trato de chillar, intentando liberarse de el tremendo dolor, pero ni eso le fue concedido. Las risas subieron de tono.

-Parece una cascada –dijo una vocecilla.

Antes del vahído tuvo tiempo de ver entre borrosas nieblas la figura de un adulto que entro en escena.

- Y ahora, ¿quien va limpiar este estropicio? - reprendió a lo chiquillos.

La conciencia cedió al dolor y se perdió en el síncope.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »

PSI

1

L’encontre

La vista des de la finestra del segon pis tenia la qualitat de transportar-la a un temps i a un espai més feliços de la seva vida. La serralada de blavosos contrastos, el parc on la canalla gaudeix del joc infantil, la via del tren… Recordava vívidament els dies en que els seus pares la duien de passeig. Recordava l’escena dels gronxadors. En la seva ment els compartia amb la seva germana. Recordava les rialles.

Uns cops a la porta la retornaren a la realitat.

Les deu en punt. No faltava mai a la cita, era la seva feina.

- Endavant - digué amb una manca total d’entusiasme – com sempre, és obert.

- Senyoreta Ferràs, com es troba avui? – la dicció mecànica de la infermera indicava (amb una claredat fora de dubtes) que havia repetit la pregunta durant tota la seva carrera. I com sempre tant se li fotia la resposta. L’únic interès que tenia era el de donar la medicació al pacient i assegurar-se que se la prengués.

- Com sempre – no malbaratava paraules amb qui no les volia rebre. Era una lliçó que li va costar aprendre. Es prengué les pastilles hi tornar cap a la finestra. La infermera sortí i tancà la porta sense cap més cerimònia.

Com sempre.

Hi havia pensat en moltes ocasions, al cap i a la fi, temps per fer-ho no li havia pas faltat. I realment no sempre havia estat així.

De cop, i fora de tota previsió per part seva, la porta es tornà a obrir.

Amb la decisió de qui es nou en la seva feina i preocupat per voler donar una bona impressió, traspassar la porta un jove amb bata blanca.

Duia una carpeta sota el braç i tot indicava que era el nou psiquiatra de qui li havien parlat.

- Bon dia tingui! – Bramà l’enèrgic doctor – Com potser que amb un sol tan esplendorós hi hagi algú que prefereixi quedar-se tancada entre aquestes quatre parets. Bon dia de nou! Em dic Gabriel i sóc el metge que la portarà a partir d’ara. – el jove doctor estengué la ma cap a la pacient – Vostè deu ser la senyoreta Mònica Ferràs.

Després d’esperar uns instants amb la mà estesa, i veient que la seva pacient semblava fer cas omès a la seva presentació l’enretira.

- Li sembla bé si donem un tomb pel jardí? – digué en Gabriel.

- Que li ha passat al doctor Garcia? Ja s’ha cansat de mi? – digué la Mònica.

- En certa manera sí – En Gabriel mostra el seu millor somriure davant la perplexitat de la seva pacient – L’han jubilat, jo m’encarregaré dels seus pacients a partir d’ara. I ara… què hem diu del passeig?

- Li dic que estic prou bé aquí, gràcies. – De nou es gira cap a la finestra.

- Bé, doncs quedem-nos rodejats de tristes parets en un dia tan meravellós. – El doctor sospirà com si de debò li molestés no poder sortir fora de la cambra. La mirà detingudament, no podent imaginar-se per què algú hauria de preferir viure tancat amb tal austeritat.

Bé, més que austeritat – pensà – funcionalitat. Un llit, una cadira y una taula. Ni llibres, ni televisor, ni cap mena d’entreteniment… tret de la finestra.

Agafà la cadira y segué, tot deixant la carpeta sobre la taula.

- Tinc entès que no parla gaire. – Temptejà en Gabriel.

- I vostè sembla que no sàpiga callar. – Li solta la Mònica airadament.

- És cert. La meva mare ja ho deia, “aquest marrec no calla ni sota l’aigua”. – En Gabriel mostrar de nou un somriuré de serenitat. – Potser a vostè li deien que de tan callada semblava muda.

- Els meus pares son morts. I si s’hagués pres la molèstia de fer la seva feina amb un mínim d’interès, sabria pel meu historial tot el que li cal. – La Mònica s’encarà amb el metge - Deixi de jugar amb mi, jo ja exercia la professió molt avanç que vostè es decidís a cursar-la.

- És cert, pel que tinc entès va treballar com ajudant del doctor Maurice durant un bon grapat d’anys. – L’expressió de la cara de la Mònica canvia sobtadament.

Una espurna s’encengué als ulls del doctor.

- Un gran psicòleg, tota una eminència.

- Ma… marxi. – La Mònica torna cap a la finestra donant-li l’esquena al metge.

- Com pot veure, sí me pres la molèstia de llegir el seu historial. I voldria prendre’m la molèstia de que m’expliques la seva relació amb el doctor Maurice.

- Calli! – xisclà la Mònica – vostè no ho pot entendre.

- Realment, preferiria que m’expliqués el què li va passar, per més que ja ho hagi llegit a l’informe. Vull ajudar-la.

- Em vol ajudar? – esclatà la Mònica – Em vol ajudar? Doncs trobi a la meva germana abans de que ho faci el monstre. Tregui-la del país, amagui-la. Si la troba no tan sols la matarà, li robarà l’anima! – Estava histèrica.

- Quin monstre? De què parla?

- No hem creurà pas. No serà el primer que se’n rigui de mi. Acabarà per fer com el doctor Garcia, deixar-me aquí oblidada.

- Expliqui-m’ho!

- Durant un any, he viscut tancada entre aquestes quatre parets. Patint per la meva germana, l’única família que hem queda. Ell la matarà, de la mateixa manera que va matar els meus pares i … i al Guillem. Segueixo viva perquè no ha trobat encara a la meva germana, un cop sigui morta, també em matarà a mi per satisfer la seva luxúria.

- Si us plau, comenci des del principi, en cas contrari no la podré ajudar.

2

El relat de la Mònica

Vaig acabar la carrera de psicologia ara fa cinc anys. Com vostè, una mena de feliç ignorància em portava a creure que amb la meva tasca ajudaria a sanar la ment d’aquells que havien perdut l’enteniment.

Desprès de passar per diverses feines de merda, vaig acabar anant a parar al consultori del doctor Maurice. Li vaig causar bona impressió a l’entrevista, i decidí donar-me feina com ajudant. Hem vaig alegrar molt de la notícia, com vostè ha dit, el doctor Maurice era una eminència en el camp de la psiquiatria i, per la meva part, era el pas endavant que necessitava la meva carrera.

Això és el que vaig pensar. D’haver sabut el que m’esperava hagués defugit l’oferta a l’instant…

Durant un temps, l’experiència fou profitosa. El doctor Maurice era una persona carismàtica i molt culte. En certa manera em sentia atreta per ell, l’admirava i a més a més tenia un aura colpidora. La seva manera de tractar les malalties mentals era d’allò més innovadores, realment semblava posseir un do pel que feia.

Poc a poc em vaig anar guanyant el seu respecte i vam començar a intimar. No en un sentit sexual evidentment, per aquells temps jo sortia amb en Guillem, tot hi que ell va provar a seduir-me en diverses ocasions.

Un bon dia, em va exposar algunes teories sobre el que ell en deia paleo-psiquiatria. Certament, eren idees d’allò més esotèriques, fonamentades en antigues concepcions de l’ànima. Davant del meu escepticisme inicial em recordà que la mateixa paraula psicologia implicava el concepte d’ànima. Com ja sabrà, el terme psico prové del grec i fa referència a l’activitat mental. El que potser no sap és que psico o psique fa referència a l’ànima.

Poc a poc em vaig deixar endur per les seves teories i em vaig implicar en la lectura de certs textos apòcrifs que ell mateix anava racionant-me.

El doctor Maurice creia que hi ha un estat de consciència que confereix a l’ésser humà la capacitat de moure’s en una altra dimensió. Aquesta dimensió l’anomenava el món dels somnis, ja que segons deia, només s’hi podia accedir a través del son. La seva tesi defensava que certes ments privilegiades podien accedir-hi amb més facilitat que la resta, el problema radicava en que no controlaven el seu trànsit. I podien perdre-s’hi. Pel general, aquest desplaçament dimensional es produeix durant la fase REM del son, o sigui, s’hi accedeix dormint. Com veurà, resulta força difícil controlar quelcom que passa als nostres somnis.

Admeto que sembla cosa de bojos, de fet a mi també m’ho semblava, però el cert és que el doctor Maurice aconseguia retornar aquestes ments a una relativa normalitat.

Així van transcorre un parell d’anys, i cada cop m’implicava més en la recerca, col·laborant estretament amb el doctor.

Desgraciadament, tot i els èxits obtinguts, el doctor Maurice no semblava mai feliç.

Ans el contrari.

Cada cop es plantejava objectius més agosarats, fins al punt de proposar-se ser ell mateix el que transcendís aquelles portes dimensionals. Volia ser capaç de caminar per l’altre banda. Volia veure aquell altre món. Però al mateix temps, volia conèixer el camí a seguir per poder retornar a la nostra realitat quan ho volgués.

Però temia deixar al darrere un cos colpit per la bogeria. Tenia por de perdre’s-hi.

Els textos d’ocultisme i de pseudociència que llegia, poc a poc se li van anar quedant curts. No li revelaven tot el que volia saber.

Fins que va descobrir, a traves d’una amistat de la universitat de Salamanca, que en un recòndit estant de la biblioteca de l’arxiu nacional, es trobava una còpia malmesa dels arxius inquisitorials d’Olaus Wormious. Aprofitant un congrés a l’esmentada ciutat i fent ús del seu prestigi, accedí a les actes. Entre elles va trobar part de la transcripció llatina que va fer Wormius de l’Al Azif de l’àrab boig, Abdul Alhazred.

Per sorprenent que li sembli, els malmesos documents del segle XVII li serviren per trobar la clau al món dels somnis.

Durant els dies següents, començà a experimentar amb les dades recopilades.

Llavors va arribar el seu declivi.

Es passava dies sencers sense passar per la clínica, sense donar cap explicació. Va començar a atribuir-se una dolència per evitar les consultes dels pacients i les mirades interrogants dels seus coleges. Poc a poc s’anava apartant de la realitat, els pacients més greus van començar a experimentar malsons terribles, alguns d’ells van arribar a caure en el coma. Però això semblava importar-li poc.

Vaig intentar distanciar-me’n, començava a sentir por i certa recança, però algú tenia que fer-se càrrec dels pacients, els quals, com ja he dit, començaven a patir sobtats comes.

Durant una de les desaparicions del doctor Maurice, vaig aprofitar per a estudiar els textos amb l’ànim de determinar què li estava passant. Volia saber de quina manera aquella lectura li estava esquinçant l’intel·lecte.

Sense adonar-me’n, vaig començar a somiar en el que havia llegit. Nit rera nit, el mateix somni, unes escales que baixaven cap a la foscor. Cada nit, notava amb major insistència com m’atreien aquelles escales descendents. Cada nit tenia que lluitar contra la necessitat de baixar-hi, de descobrir per mi mateixa si els textos deien la veritat.

Fins que la curiositat em va vèncer i vaig baixar-hi.

3

El món dels somnis

Els textos de l’Al Azif, parlaven d’un món intangible que comparteix existència amb el nostre. Un món regit per lleis diferents a les de la física newtoniana. Un món on viuen déus i malsons d’un plegat.

Certament, no estava preparada pel que tenia que trobar al final de l’escala. Però si quelcom va causar-me una forta impressió, va ser la total vividessa d’aquella altra realitat. No era un somni com el coneixem normalment, era tangible… real, certament una altra dimensió. Sentia els graons amb fermesa sota els peus, sentia el soroll que feien els meus passos a l’anar-los baixant.

D’un plegat, la foscor va desaparèixer, donant pas a un camp il·luminat. Quina visió! No pots ni imaginar-t’ho! Un immens camp de blavosa vegetació, sense un final definit, com si ocupés tota aquella realitat. El cel –no se com explicar-ho- era negre i estrellat, com quan es de nit, però el sol també hi era present. De fet, la claredat era com la d’un dia d’estiu. Al meu darrere, un grapat d’esglaons suspesos a l’aire, s’enfilaven en direcció al cel. Sabia que tenia que pujar de nou els graons per tornar a la nostra realitat, tenia que recordar el camí, cosa que no semblava gaire difícil en mig d’aquella blavosa explanada.

Vaig començar a caminar, d’esquena a les escales.

L’herba –no se m’acut un nom millor- fluïa suau sota els meus peus. Vaig adonar-me de la presència d’una mena de dents de lleó, els quals compartien el sòl amb l’herba. Als pocs passos, vaig veure una mena de gran roca. Al apropar-m’hi, els meus ulls van copsar el que en realitat era un cap de pedra, semblant als Moais que hi han a l’Illa de Pasqua.

M’hi vaig encarar i … l’estàtua obrí els ulls. Dos pous d’insondable foscor emplenaven les dues conques d’aquell petri semblant. Era difícil de dir però… em mirava!

- Temps ha passat d’ençà l’últim cop. Sóc despert de nou. – L’estàtua em parlava, i jo l’entenia, de fet, no diré que parlés en la nostra llengua, si no més aviat em parlava directament a dins del meu cap.

- No volia molestar – vaig dir, no sabent si tenia que sentir por.

- No molestes – digué l’estàtua – feia temps que volia estirar les cames.

Tot d’una, una lleugera tremolor feu onejar el terra, com quan un roc impacte a l’aigua, creant ones al sòlid estrat. De cop, dos braços de colossals dimensions sortiren de sota del terra i es recolzaren sobre l’herba de blaus contrastos. Impulsant-se, l’ésser es va anar desenterrant. Jo hem vaig fer enrere, tement acabar absorbida pel moviment de terres, però l’estranya física que permetia un sòl blau, semblava no permetre la succió normal de la terra. Finalment, la colossal estàtua es desenterrà completament. Semblava tenir l’alçada d’un edifici de cinc o sis plantes.

L’estàtua va acotxar-se i estengué la mà cap a mi.

- Puja – digué – donarem un passeig, les articulacions ho necessiten.

Vaig fer-li cas, sentint que, d’alguna manera, podia confiar en l’ésser.

Un cop acomodada a la ma, el colós començà a moure’s. Realment, no sentia el moviment, era com si el terra fos el que es mogués a sota dels petris peus i no al revés.

El paisatge va anar canviant per tota una sort d’imatges -que ara no et descriuré per no confondre’t més-, fins que al final es distingí una mena de campament. A l’anar-nos-hi apropant, el conjunt de tendes es va anar fent més clar. Al mig de la rotllana que formaven, hi sobresortia un petit monticle.

Tot d’una, vam anar perdent altura. Al mirar avall vaig veure com el gegant, pas rera pas, s’anava enfonsant de nou sota el sòl. Un cop la mà es posà a nivell de terra, vaig saltar. No vaig fer res més que mirar, palplantada, com el gegant tornava a quedar enterrat, només mostrant el cap.

- Cansat – digué – Ara he de dormir.

Tancà els ulls i quedà completament immòbil, tal i com l’havia trobat.

Un calfred va recorre’m l’espinada, tot hi que no podia precisar la distància recorreguda, podia admetre que era força gran. Com m’ho faria per tornar? Despertaria de nou el colós quan volgués marxar?

Vaig armar-me de valor hi vaig dirigir els meus passos cap al campament, esperant trobar-hi els éssers que l’havien establert.

Oh doctor! Si sabessis el que vaig veure!

Un grapat d’éssers d’aspecte vagament humà es movien tot arrossegant els peus. Als braços carregaven pesades boles de plom a les quals estaven lligats per mitja d’una cadena. Les seves espatlles mostraven la deformitat producte del pes desmesurat. I les cames! Alguns fins i tot semblaven tenir les articulacions que tindria un quadrúpede, ja m’entén, oi?

Però això no fou el més hòrrid…

Tot d’una, un dels éssers m’enfronta la mirada i em saluda tot dient “Hola doctora, l’amo l’espera”.

Aquella cara! Era la d’en Sebastià! Un dels primers pacients que vam perdre en els sobtats comes! La seva mirada no era la de l’esquizofrènic que tractarem temps enrera, si no la d’algú d’una intel·ligència profunda.

Un nerviós cop d’ull a la resta de personatges que anaven i venien pel campament em feu percebre la familiaritat dels seus rostres. Tot eren cares conegudes.

Fou horrible! Volia sortir corrent, però l’inusualment fort braç d’en Sebastià –o del que fos aquella blasfèmia- m’encarà cap al monticle. “L’amo l’espera” digué de nou.

Llavors vaig veure el monticle. Un grapat de graons pujaven a dalt, tot flanquejats per una dotzena de pendons a banda i banda. Cada pendó lluïa la lletra grega psi, ribetejada d’auris reflexos.

Psi.

Vaig enfilar els esglaons sota l’atenta mirada d’aquells éssers que en un altre moment foren els meus pacients.

I allí dalt el vaig veure. Ajagut en un sofà de vellut vermell. Amb un rictus facial incapaç de mostrar expressió alguna d’humanitat. Amb una buidor a la mirada que em feia dubtar de que realment fos ell. Duia la seva bata blanca posada, només que ara estava tacada de sang i vísceres. I digué:

“Estimada, arribes abans del que tenia previst. Però ja que ets aquí, no diré que no m’alegri de veure’t. Vine, et mostraré el món que he creat per a tu”

4

El Doctor Jan Maurice

- Amb tu, la meva dita és completa. – digué Maurice – vine amb mi. Et mostraré el resultat de la meva recerca. Et mostraré l’èxit de la meva agosarada aventura. Sóc el senyor d’aquest regne!

La Mònica contemplà el paisatge observable des de dalt del monticle. Els camps d’anti natural blavositat, no es veien per enlloc, per contra, la terra semblava erma. Al fons es retallaven muntanyes d’una altura incalculable. No hi havien paraules humanes per descriure la il·lògica configuració del paisatge. Del cel penjaven blocs de pedra sense cap mena de suport. Pels erms caps, una fauna treta del pitjor dels malsons campava al seu aire buscant aliment.

- Aquí construirem la nostra llar. De fet els nostres esclaus ja hi treballen.

- Esclaus? – barbotejar la Mònica – Si son els nostres pacients! Que t’ha passat Jan?

- Els he alliberat de la tirania de viure atrapats en dos móns. La ment dividida entre el món terrenal i el món oníric, només feien que patir. Jo he alleugerat la seva càrrega. Ara viuen aquí amb la ment unida. Pregunta’ls-hi! Et diran que es senten agraïts per la meva feina. A canvi, només els he demanat que hem serveixin. Quin mal hi ha?

- Però els seus cossos…

- Els he adaptat a les meves necessitats! Aquí la matèria és fàcil d’emmotllar, una ment com la meva pot manipular la carn fins a obtindre de la massa informe, l’autèntica bellesa que duu a dins! Sóc un artista, sóc… déu!

- Deixa’m marxar, això m’aterra, em sobrepassa. Vull tornar a casa. – implorà la Mònica.

- Casa? Això és casa teva a partir d’ara! – una malèvola espurna s’encengué als ulls del doctor Maurice – Aquí mano jo! Aquí és la meva voluntat la que regeix! Et quedaràs per ser la meva esposa.

- I en Guillem? – xisclar la Mònica – et penses que l’abandonaré per viure un malson al costat d’algú que ha sobrepassat les fronteres de la insània? Mai!

El Doctor mostrar el seu pèrfid somriuré. I digué:

- Només nosaltres, els bojos, podem veure amb claredat com s’apropa en la distància el que vindrà.

Agafar una cadena que reposava al terra i tibar d’ella amb violència. Un gemec llastimós sonà de l’altra banda de la cadena. Un tronc engruixat, purulent i mancat d’extremitats, s’apropà entre gemecs de dolor cap a la parella. Un bri de reconeixement il·luminà els bulbosos ulls de la bèstia.

Es dirigí cap a la Mònica, la qual no podia dissimular el fàstic que li produïa el bavejant ésser.

- Mò..ni..ca, Mò..ni..ca – l’ésser repetia entre escumalls el nom de la doctora – Mò..ni..ca, Mò..ni..ca.

La Mònica va tardar una fracció de segons en cauré desmaiada per l’esglai. Però en aquella fracció de segon que distanciava la consciència i el fàstic del desmaia i la llàstima, va tenir temps de reconèixer allò que encarà quedava del seu company.

El desmai fou poc més que un breu descans d’aquell malson.

Va obrir els ulls i es va trobar a la seva cambra, a casa. Estava xopa de suor.

Tot hi el seu ferri ateisme va donar gràcies al cel de que tot hagués estat un malson.

Mirà el despertador. L’agulla només havia avançat un parell d’hores d’ençà que s’havia adormit.

Al voler aixecar-se del llit va sentir una profunda debilitat. Es rentà la cara i es dirigí a la cuina amb la intenció de fer-se un cafè amb llet.

El Guillem encara jeia davant del televisor. Semblava adormit. S’hi apropà, esperonada pel desig de palpar al seu company, d’assegurar-se que el malson havia passat.

La Mònica xisclà. Xisclà fins que els pulmons li cremaren. Als pocs minuts, van començar a sonar cops a la porta. Els veïns, alertats pel crits es preocupaven pel que passava a l’interior del pis. La Ramona, una anciana amb qui la Mònica havia travat un forta amistat, feu ús de la clau que aquesta li deixà per si mai li era de menester, i varen entrar al pis els veïns.

Amb molta cura retiraren a la Mònica del costat del cos inert d’en Guillem. Encara ara comenten amb esglai el rictus impossible de la cara del cadàver.

*************

- Amb els meus pares passà quelcom similar – digué la Mònica – va fer que la mare es llances pel balcó i va parar-li el cor al pare.

- Suposo que entendrà, que em resulti difícil creure aquesta historia – digué el doctor Gabriel – i més tenint en compte que el doctor Maurice va morir una setmana abans que els seus pares.

- No em creu… no importa. Prometi una cosa Gabriel, trobi la meva germana, i faci-l’hi entendre que l’estimo. Si no la vull veure es per no donar-li al monstre pistes d’on trobar-la. Per això l’ha de dur lluny, allà on jo no en tingui cap notícia, doncs és a través meu que els troba. I no vull que ella també mori.

- Faré el que pugui, si em dispensa. – En Gabriel sortir de la cambra.

5

El diagnòstic

Diari del Doctor Gabriel Ginès

Nota a 25 de Juny

Avui m’he entrevistat amb la pacient Mònica Ferràs. Les anotacions del doctor Garcia es queden curtes en el seu diagnòstic. Està completament anada. Explica una historia d’allò més fantasiosa, producte sense cap dubte, dels desafortunats incidents que ha patit en els darrers temps.

Els estranys declivis en els seus pacients, els atacs de cor patits tant pel seu pare com pel seu nòvio, així com el suïcidi de sa mare; fan inevitable un desenllaç traumàtic.

El que no entenc és per què culpa al doctor Maurice de tot. Si pobre desgraciat portava dies mort quan tot això va succeir!

Només hi ha una cosa “paranormal” en tot això. Els comes en que van caure tan els pacients com el doctor Maurice.

Nota a 30 de Juny

Per fi he trobat a la Núria Ferràs, la germana de la meva pacient. L’he animat a visitar a la seva germana, esperant que la visita li fes bé.

Certament, no m’esperava una reacció tan violenta per part de la Mònica. Ha començat a colpejar-me i insultar-me. Ha fet falta que els infermers prenguessin part fent ús de sedants.

L’últim que deia mentre acabava dormida era “fuig Núria, fuig si us plau”.

Realment crec que he fotut la pota fins al fons. Però en fi…

Nota a 6 de Juliol

Es el primer cop d’ençà la visita de la Núria, que la Mònica ha dit paraula. I la veritat no ha estat gens esperançador. Només feia que repetir lapidàriament “ja és morta” i “només nosaltres, els bojos, podem veure amb claredat com s’apropa en la distància el que vindrà”.

He de reconèixer que aquest cas em té torbat fins al punt d’estar recopilant informació sobre els tractats d’ocultisme que deia professar el doctor Maurice.

Vull entendre que diantre passa dins el cap de la Mònica.

Nota a 7 de Juliol

Per primer cop en la meva vida, els axiomes racionals als que sempre m’he aferrat, sembla que trontollin. Amb el diari d’avui, a la columna de successos, es narra l’historià d’una jove que s’ha llançat al metro. Pel que he pogut llegir, deien que anava drogada. O com a mínim ho semblava. El més esglaiador ha estat veure el nom de la víctima: Núria Ferràs.

He de dir que no semblava pas una yonkie ni una suïcida quan la vaig conèixer.

No se com dir-li a la Mònica.

I si tenia raó? Podria haver-la salvat?

Nota a 10 de Juliol

Aquesta nit he somiat amb les escales.

Desprès d’avui, tinc masses dubtes com per a continuar exercint la meva professió.

Porto dies llegint els textos que he pogut trobar als arxius del doctor Maurice i la meva percepció de la realitat comença a virar perillosament amb els somnis recents.

A l’arribar a la clínica, m’han donat la notícia de la mort de la Mònica. Això ha acabat d’enfonsar-me. Aquest matí, la infermera Hernández, l’ha trobat a terra amb la mandíbula desencaixada i els ulls sagnants. Tenia les ungles destrossades de gratar el terra. Diu el torn de nit que no l’ha sentit xisclar. Probablement estaven massa ocupats prenent cafè.

D’entre la inexplicable imatge de la mort, hi ha una cosa que m’ha copsat de terror, unes poques paraules escrites amb sang al terra “T’espero Gabriel. M”

Aquest text apareix a Indigents de la literatura coma a part de l’exercici 1, per saber-ne més, premeu aquí.
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »

Mirall

Nota trobada al costat d’un cadàver:

Estimat amic,

el motiu d’aquesta missiva no es un altre que el de fer-te sabedor de les motivacions i causes que m’han portat a la fi. Qualsevol que llegís el que ara et diré, podria pensar que la meva ment es troba lluny de la lucidesa pròpia dels que tenen sa l’enteniment, i així justificaria els meus actes. Tan de bo tinguin raó.

Però d’ença d’aquella nit d’estiu, a la que tot seguit em remetre, els pilars del món racional han caigut per a mi. Certament només la voluntat de no voler creuré en l’existència de semblant abominació hem fa desitjar la insània.

Hem trobava, com es part del meu hàbit diari (de fet com era) immers en la mes quotidiana de les accions. Hem rentava les dents.

No pensava en l’acte higiènic del raspallar, ja que la costum automatitzava els meus moviments, alliberant la meva ment, la qual divagava en coses que ara ni recordo.

Tot d’una hem vaig quedar com paralitzat davant del mirall. Vaig provar de veuré dins els meus ulls. Volia, en un acte força infantil, travessar-me la mirada. Per un moment, la imatge del mirall semblava que em contemples, fent un esforç idèntic al meu però en direcció oposada. Tot d’una, un esbós de somriure sembla que es formes al meu reflex.

El mirall es va esquinçar.

Per un moment vaig tenir por, mentre un calfred va recorrem l’espatlla.

Vaig desar els estris i recollir l’escampall.

Encarà esgarrifat vaig disposar-me al llit per tal de dormir.

I vaig a cauré, entre pensaments funestos, als braços de Morfeu.

Vaig obrir els ulls degut a que la llum rajava ja per la finestra. Estranyat per que possiblement el mati fos ben entrar i vaig girar el cap envers la finestra.

Desgraciat de mi… ja mai més he trobat el repòs en el son d’ença aquella visió.

Una figura m’observava amb mirada terrible, carregada de superioritat. Uns ulls plens a vessar de sadisme i duresa. Semblaven cridar-me en silenci “Es la meva hora! Fes-te a un costat miserable, ja has malbaratat prou la meva vida”. No movia els seus llavis, només mantenia una ganyota de menyspreu, una ganyota de profunda ràbia. No requeria paraules, doncs no hem parlava amb la habitual forma, si no des de dins meu. Era… és dins al meu cap!

Jo no podia moure ni un sol múscul. El cap girat envers la figura. Els ulls fixats en els seus.

Hem mostrà com soc, com podria ser. M’explicà que ell coneix els meus íntims desitjos, sap de les meves mancances, així com de les meves perversions. Només amb la mirada deia que ell es tot allò que sóc incapaç de ser. Hi havia als seus ulls el reflex d’un mirall profundament soterrat.

Tot es cert. No menteix, doncs soc jo qui hem mira.

Ell es tot allò que voldria ser. Dins meu hi ha tota la força per a fer-me ser com només puc desitjar. Hem sento temptat, però intueixo la trampa. Cedir al seu control m’abocaria a la decadència del meu esperit.

Sóc massa civilitzat com per a creuré en monstres, així doncs, dec ser boig.

Nit rera nit, em visita el meu anti-ésser, nit rera nit, batallo als camps del meu cervell, nit rera nit perdo terreny davant el meu enemic, doncs poc a poc les seves perversions s’instal·len dins meu. La gent ja no hem reconeix, sóc una pellofa buida de tot el que era. Només queda conflicte dins meu. Estic abocat al manicomi, o de ser real, a l’extinció d’allò que sóc i he estat.

I aquí ve el punt de la meva decisió.

Vaig aprendré de jove un lliçó tot jugant a escacs.

Després d’una batalla aferrissada, havia aconseguit arraconar al meu rival. Ja era meu! Peça rera peça vaig cercar-lo per condemnar-lo a la derrota, quan, tot d’una, vaig percebre el meu error. Havia ofegat el rei rival. El meu contrincant, davant la seva derrota, va voler privar-me de la victòria.

Taules.

I això es el que hem disposo a fer al taulell del meu cervell, privar de la victòria al meu rival. No serè entenimentat, però tampoc serè boig.

Rep el meu afecte bon amic.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »

No salga de casa sin su rollo de papel higiénico

Dedicado a Terry Pratchett,

porque como decía mi abuelo

“a la gente hay que llorarla en vida porque

una vez que han muerto, las lagrimas

les importaran un pito”

Algo iba mal en Mundodisco. Los sabios de la periferia no se atrevían a decir el que.

Algunos opinaban que gran A’Tuin, la tortuga sobre la cual reposa el mundo, sufría de una aguda indigestión. Probablemente algún tipo de alga cósmica en mal estado que había ingerido recientemente.

Los más tarambanas afirmaban que las emisiones de octarino habían excedido los niveles máximos de tolerancia. Esto, decían, terminaría por mutar la realidad, probablemente transformando Mundodisco en un globo de polos achatados con gravedad propia. Naturalmente, semejante estupidez no era compartida por la comunidad científica.

Realmente, nadie sabía nada, salvo que algo iba mal en Mundodisco.

Esta inquietud se propago por todo el disco.

Y Ankh-Morpork no era una excepción. Los parroquianos de las diversas tabernas suburbiales, se sentían inquietos. Y apaciguaban su inquietud bebiendo, para acabar borrachos e inquietos. Entonces se formaban peleas encarnizadas que terminaban por calmar a unos pocos, básicamente a los que morían. Los vivos seguían sintiéndose inquietos pero algo más desahogados y volvían a beber. Para volver a pelear, generando un ciclo de inquietud-borrachera-violencia que solo terminaba cuando la borrachera se convertía en sueño o inconsciencia. Pero todo pasa. Incluso la inconsciencia…

La Muerte también estaba inquieta. Y yendo por las tabernas de Ankh-Morpork a recoger almas, en su inquietud, terminaba por llevarse erróneamente a algunos vivos. Por contra olvidaba recoger a algunos muertos, que mas tarde tendrían que levantarse balanceando cuellos flácidos o arrastrando vísceras por el suelo.

De todos modos la naturaleza es sabia, y la mayoría terminarían por morir (de modo definitivo) en la siguiente reyerta a la que se vieran abocados.

Lejos de allí, Ío el Ciego estaba irritado. En concreto las nalgas de su trasero estaban irritadas. Esa mañana, mientras hacia sus celestiales necesidades en su divino trono de mármol blanco, percibió que el sacro papel higiénico se había terminado. La molestia se convirtió en irritación cuando tuvo que limpiar su omnipotente trasero con la portada del ABC. Y, como pronto comprendió, hay periódicos que no sirven ni para limpiarse el culo.

Irritado, Ío se lanzo en busca del encargado de sustituir los rollos de papel higiénico y amonestarlo severamente. Quizás lo despidiera por incompetente o tal vez lo clavaría en las alturas de algún monte donde le sacaría las tripas para que algún halcón se las royera eternamente. Pero eso era mucha faena para un domingo… mejor lo despediría dándole un solemne puntapié.

En ese mismo instante, Tufalen Moscarii, el encargado de los baños divinos, se encontraba metido en una monumental bronca en la taberna del “Fermento alegre” en la miserable Morpork. Hasta el momento llevaba las de ganar. Ya había roto tres nudillos con los dientes y ahora se ocupaba de asestar tremendos ombligazos al pie de un bárbaro de Chimeria. Pero su glorioso combate se vio interrumpido por la estruendosa aparición del divino Ío en mitad de la taberna.

Los habitantes de Ankh-Morpork no estaban acostumbrados a ver al gran dios de Dunmanifestin, así que le dieron la bienvenida con un taburete. Por supuesto, un taburete hábilmente dirigido a la cabeza.

El divino cráneo de Ío el Ciego, se tomo mejor el golpe que el propio dios.

Ahora Ío no estaba irritado. Estaba cabreado. Cabreado como solo un dios sabe estarlo. Cabreado hasta el punto de estar a punto de desatar siete plagas sobre la ciudad dividida.

Pero no lo hizo, simplemente se limito a estampar la cabeza de su agresor contra la pared. Acto seguido, decidió crecer un par de metros para dar una imagen lo suficientemente terrorífica y calmar a los brutos jaleantes.

-¡¡¡BASTA!!! – grito.

La alborotadora jauría se convirtió en un manso y tembloroso rebaño que no tardo en concentrarse en la esquina mas apartada de la taberna. Todos salvo Tufalen, que solo oía un prolongado pitido en sus oídos. Pitido seguramente provocado por los orejazos repartidos durante la pelea.

-¡Ja! ¡Deneiz miedo de mi, gananez! – Tufalen escupió un par de muelas para aclarar su voz – Hacéis bien en temerme, la próxima vez no seré tan condescendiente.

De golpe, toda la chabacanería de Tufalen se esfumo como por arte de magia. Lo cierto es que se esfumo cuando media docena de ojos flotantes le miraron de frente con cierto aire de enfado. El ensangrentado rostro de Tufalen se volvió lívido (con hebras de sangre rojiza, luego seguía siendo un rostro ensangrentado) cuando oyó la voz de su amo tras de si.

-Maldito haragán – grito Ío – Espero que tendrás una buena excusa para estar aquí rodeado de rufianes. Has descuidado tus deberes y si tu excusa no me satisface, ¡mañana usare tu barba para limpiarme el culo!

-¿Como es posible? – dijo el estupefacto acondicionador de baños – ¡Olvide por completo sustituir el rollo de papel higiénico!

La multitud empezó a mirarse entre si alarmada. Todos ellos habían olvidado algo… ¡por eso aquella inquietud!

Ío el Ciego contemplo a aquel grupo de apiñados maleantes y comprendió que algo no iba bien en Mundodisco. ¡El también había olvidado algo! Pero no sabía el que.

Lo que si sabía es quien podía saber algo al respecto.

*****

Como siempre, llovía en Salisbury. Bueno, es algo exagerado decir que siempre llueve, pero si normalmente hiciera sol y buen tiempo estaríamos hablando de la costa del sol y no de Salisbury. Para hacernos una idea, en Salisbury normalmente llueve, aunque no siempre. En definitiva, si tenemos que describir el clima de dicho municipio, siendo típicos y tópicos, diremos que es lluvioso. En fin…

Una figura se recortaba entre la lluvia. Tenía cubierta su cabeza con un sombrero negro, y este lo protegía con un paraguas. Se dirigía silbando a su casa mientras meditaba sobre el ciclo de apareamiento del orangután de Borneo.

De repente, una emanación de octarino (hasta entonces desconocido en Salisbury) se formo entre la lluvia a unos pocos metros del suelo ante el estupefacto viandante.

De la grieta de octarino salió (mejor dicho cayó) un figura.

Las baldosas de cemento de la Gran Bretaña amortiguaron el cabezazo del ser salido de la nada.

Por suerte, el divino cráneo de Ío el Ciego, se tomo mejor el golpe que el mismo dios.

Entre irritados balbuceos el dios ciego se levanto.

-Hacia tiempo que no nos veíamos señor Pratchett. – dijo el dios.

-¡Oh! Pero si es Ío el Ciego – dijo el señor Pratchett – ¿Que haces tan lejos de Mundodisco?

Ío el Ciego contó lo que estaba sucediendo en Mundodisco al señor Pratchett, poniendo especial énfasis en el desgraciado incidente del papel higiénico.

-Umm – dijo el señor Pratchett – creó que ya se lo que esta pasando. Me temo que la noticia de mi enfermedad haya afectado la conciencia colectiva de Mundodisco.

Debes calmarles, no voy a olvidarme de ellos tan fácilmente. Y por supuesto no me he muerto, ni tengo intención de hacerlo por ahora. ¿Acaso no recuerdas quien creo a la Muerte? ¡Fui yo! Ni siquiera el tontaina de Mort sería tan estúpido como para morder la mano que le alimenta.

Así que no os preocupéis en Mundodisco. Eso si, procurad no olvidaros de mí. ¡Y ahora deja de atosigarme! Me esperan en casa.

El señor Pratchett reemprendió la marcha dejando a la divinidad empapada junto al arcén. En casa, le esperaba Lyn con la cena apunto.

Ío estuvo meditando bajo la lluvia las palabras del señor Pratchett y tuvo una brillante idea para acabar con la inquietud en Mundisco… y con el problema del papel higiénico, claro.

La mañana amaneció entre nieve en el disco. Desde el eje hasta el borde nevaba. Pero no estaba formada de agua esta nieve.

Antes de volver de Salisbury, Ío el Ciego había atracado una farmacia, robando tranquilizantes y crecepelo.

Durante la noche había disuelto en una de sus marmitas el contenido de las cajas de tranquilizantes, y al amanecer, la había volcado sobre Mundodisco.

La calma volvió incluso a Ankh-Morpork, bueno, realmente la calma nunca había esta allí hasta entonces, ni tenia pensado quedarse durante mucho tiempo.

Ío estaba satisfecho. Había solucionado sus dos problemas con gran habilidad.

Y colorín colorado, este cuen… ¡sapristi! Había olvidado mencionar la solución al tema del papel higiénico… esta memoria mía…

Pues bien, en su visita a Salisbury, Ío el Ciego se había hecho con crecepelo. La brillante idea de este consistió en convertir a Tufalen Moscarii en un sofisticado elemento del cuarto de baño. Desde entonces y para toda la eternidad, Ío le había condenado a ejercer de soporte viviente del papel higiénico. Convirtió la barba de este en confortable papel de doble capa de celulosa aromática. Dicha barba, siempre que amenazaba con terminarse, era regada con un poco de crecepelo, recuperando en poco tiempo su esplendor y enorme longitud.

Y al fin reposan, narcotizados, los habitantes de Mundodisco, esperando que el amanecer les traiga nuevas aventuras.

Mas sobre el homenaje a Pratchett aquí.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votes, average: 4 out of 5)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »

Ombres

Avançava pels foscos carrers com empès per els milers d’ulls que l’assetjaven constantment. De totes direccions sentia les malèvoles mirades que l’hi acceleraven el cor i el pas. Pràcticament corrent enfilava el passeig, i tot d’una, girà sobre els seus talons intentant capturar amb la mirada el seu perseguidor.

Res. Només ombres.

Els vianants el miraven com si estigués boig. I això incrementava la sensació angoixant que sentia. La suor li cobria el front, una suor freda que res tenia a veure amb la freda vesprada d’aquells carrers.

Neguitós, va reprendre el camí a casa amb l’esperança de desfer-se, rera les solides parets del seu cau, de l’enemic invisible que l’assetjava entre ombres.

Però el seguia de ven a prop. Sentia els seus ulls clavats al clatell… però cada cop que es girava feia un segon tard i ja no hi era.

No va poder aguantar més la tensió i va engegar a córrer. Va topar amb un monstruós ancià que acabà pels terres. Les mirades de la gent del carrer el perforaven amb crueltat, podia sentir el que pensaven d’ell, notava el menyspreu en tots aquells ulls.

Va rodejar el vell que es removia al terra. Va balbotejar una mena de disculpa i esprintà l’últim tram com anima que porta el diable. De fet no descartava que fos el mateix dimoni qui el seguia.

Finalment va arribar al portal, la clau li ballava violentament entre els dits, era incapaç de contenir-se. Plorant, va fer un titànic esforç per mantenir l’estabilitat de la clau i girà el pany.

Va veure l’ascensor a planta i s’hi llençar literalment a dins i premé el botó. Arraconat al terra de l’elevador va esperar entre escumalls que arribés al seu destí. Segons eterns, segons que semblaven no acabar de passar mai.

I la parada va arribar.

Per primer cop des de que s’encaminà cap a casa, va sentir una mena d’histèrica alegria, una eufòria incontrolable al veuré l’entrada al seu castell. Aquest cop la clau es mantingué ferma i s’obrí la porta.

Salvat.

Entre rialles frenètiques, tanca d’un cop la porta i l’assegurà amb dues voltes de clau per, tot seguit, deixar-se caure al terra fet una bola. S’arrossegà com un cuc, obviant tota dignitat, cap a la seva habitació. Un cop allí va arrancar les mantes del llit i s’hi embolicà en el racó més allunyat de la cambra. Allí esperaria. El matí vindria, i la llum del sol foragitaria les perverses ombres que el compungien.

Malauradament, les ombres eren al seu cap, i ja mai més havien d’abandonar-lo.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (2 votes, average: 4.5 out of 5)
Loading ... Loading ...

Comments No Hi Ha Comentaris »