El fin no justifica los medios
Lluís Martí | July 29, 2006Ayer unos 200 trabajadores de Iberia creyeron que sería una gran idea conseguir que el aeropuerto de Barcelona quedase inoperativo. Debió ser algo así como:
-¡Hetenidounaidea, hetenidounaidea!
-¿Cuál?
-Ysiysiysi
-Dí.
-¿Y si vamos todos y nos metemos en medio de las pistas de forma que ningún avión pueda despegar ni aterrizar?
-¡Oh, sí! ¡Qué gran idea!
Y lo hicieron. 544 vuelos cancelados y un montón de personas (más de 200) se tuvieron que joder. A la mierda el inicio de las vacaciones de muchos.
En La Vanguardia de hoy dedican 7 páginas prácticamente enteras a este tema. Un artículo escrito por Luis Benvenuty nos cuenta que un hombre se dedicaba a dar patadas contra una oficina de información mientras acusa a los huelguistas de desgraciados y delincuentes porque su hija de 3 años estaba pasando hambre y sueño por culpa de la huelga. Y ahora copio un párrafo porque me ha emocionado:
Son las dos de la tarde, y a cada patada que propina el iracundo ciudadano contra la oficina cerrada exige que alguien le atienda, que alguien le diga algo de una vez por todas. Varios agentes de la Policía Nacional se acercan. “¿Qué?”, les grita, les increpa. “¿Qué pasa?”. Su hija se despierta, y se pone a llorar con desconsuelo. Varias personas rodean al padre de un modo completamente espontáneo. “¿Es que lo queréis detener?, ¿le váis a detener por hacer algo ilegal?, ¡detened a quienes nos están destrozando las vacaciones!”. Los policías, desconcertados, prefieren retirarse. Además, hace demasiado calor.
Me imagino la cara de los policías, mirándose unos a otros, pensado todos a la vez algo parecido a “¿y si les dejamos las porras para que destrocen la oficina de información(sic)?”.
Pero sobretodo puedo ver a un grupo de gente desafiando a la autoridad con a seguridad de llevar razón. Personas que de repente se solidarizan con otra que, quizá algo desquiciada por la impotencia y la desilusión que todos comparten, se ve en algo que pudiera haber sido un aprieto. Personas que están hartas de que cuatro imbéciles (o doscientos) les toquen los cojones.
Cuatro imbéciles que creen que ganarán algo en su trabajo por joder a los que han estado trabajando todo el año para irse de vacaciones o a otros que deben coger el avión precisamente para trabajar. Cuatro imbéciles que no se dan cuenta de que lo único que conseguirán es que la gente, cuando hable de ellos, lo mínimo que digan sea “que se vayan a la mierda (y, a poder ser, pasando por el paro)”. Eso es lo que realmente consiguen con acciones impopulares. Si no lo hubieran hecho así y hubieran intentado otras formas ahora caerían mucho mejor a todos. Y qué es mejor, ¿que se solidaricen contigo unos cuantos o que te maldiga todo el mundo?.
Por esto mismo otro artículo, escrito por Ramon Suñé y situado justo a la derecha del que acabo de comentar, se encabeza con el titular (en cursiva porque no ponen comillas en los titulares) “¡Que se vayan, pero de verdad!”. En realidad habla de Iberia y no concretamente de esos 200 empleados suyos. Pero es que la gente empieza a estar un poco harta de todos juntos. Del mamoneo. Del “yo soy el puto amo y vosotros a joderse”.
Para (casi) acabar solo decir que me gustaría que esos doscientos individuos supieran lo que todos los pasajeros que ayer no pudieron coger su vuelo desean que les pase a ellos en su primer día de vacaciones. O de paro.
Por cierto, ¿qué fin perseguían los huelguistas si su convenio prevé la subrogación de todos los empleados con el salario fijo y sin despidos al pasar a otra compañía? ¿Fue una maniobra de Iberia para presionar a AENA para que le mantenga la concesión del handling en el aeropuerto de El Prat, como se indica en otro artículo?







